Una huelga de matarifes provocó ayer el cierre del macelo de Gijón, tras las numerosas protestas de carniceros y tratantes, que se concentraron en las instalaciones para exigir a la gerente, Berta Fernández, el sacrificio de cien cabezas de ganado. Los trabajadores anunciaron el paro a la empresa la semana pasada, pero los clientes no tuvieron conocimiento de la situación hasta ayer mismo. Los 14 operarios reclaman a Semagi, concesionaria de la instalación, el pago del incremento de la carga de trabajo correspondiente al primer trimestre, aprobado en el convenio. Tras conversar con los representantes del sector cárnico local, los matarifes decidieron matar 70 cabezas de ganado de particulares (ganaderos y carniceros autónomos) pero se negaron a hacer lo propio con otras 30 de la empresa Ascar, con participación en la sociedad que gestiona el matadero. La gerente anunció que estas reses serán sacrificadas en Mieres, tras conceder la Consejería de Salud una autorización extraordinaria para su traslado.