Supuse que algo anormal había pasado porque me despertaron las sirenas de los coches de bomberos», relata Oleg Zuikov, que tenía 15 años cuando saltó por los aires el reactor número 4 de la planta atómica de Chernóbil, en la entonces soviética Ucrania. Él, sus padres, Vladímir y Ludmila, trabajadores de la central, y su hermana Svetlana, vivían entonces en la población de Prípiat, situada a tan sólo dos kilómetros del lugar del accidente. Prípiat, que lleva el nombre del río que atraviesa la provincia y cuyas aguas sirvieron para refrigerar los reactores, fue terminada de construir en 1977 para dar acogida a los empleados del complejo nuclear. Ahora es una ciudad fantasma en donde el tiempo se detuvo bruscamente aquel funesto 26 de abril de 1986.