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Domingo, 30 de abril de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
 Actualizado: 12.55 a.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
EN CUDILLERO. Ana Isabel López se ha comprado la práctica totalidad de las casas de Teixidiello, en la braña de Cudillero. / DANIEL FERNÁNDEZ
Sociedad
Desiertos y con las casas mostrando las tripas. Cada vez más llenos de maleza y más vacíos de vida. Así se ven buena parte de los 2.648 pueblos abandonados que, según ha contabilizado el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el nomenclátor oficial anual, hay en España. De ellos, 529 se encuentran en Asturias y sitúan a la región en el segundo lugar de una clasificación que lidera Galicia, entendiendo como pueblo abandonado un conjunto de al menos diez edificaciones en el que no vive nadie. Escondidos están muchos de estos núcleos en los montes, tumbados frente al mar, inmersos en parajes de espectacular belleza, en soleadas llanuras, sierras de vértigo y escarpados acantilados... Pero a estos mundos perdidos en el tiempo y el espacio, donde el griterío de los niños jugando en la calle ha sido sustituido por el silbido del viento que golpea el postigo de las puertas, les ha faltado lo básico para pervivir: paisanos. Superada está la cifra mágica de los 44 millones de habitantes en España. Pero en el rincón de los 'inútiles' han quedado, entre otros, nombres tan evocadores como Veigalapiedra, Valle Moru, Quinta del Misterio y Las Abejas, en el caso de Asturias; y otros como Tesoro y Rincón del Marqués, en Almería; Susín y Escartín, en Huesca; Sorda, en Mallorca; Pedro Barba, en Lanzarote; Martizana y Estación, en la provincia de Burgos; Picazo, en la de Guadalajara; Las Cabrunas, en tierras catalanas; Chan, Tatos y Hermida sobre suelo gallego; Cancho Gordo, en Badajoz...
 
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