José Ramón Garcés tiene un despacho soleado con vistas a la Corrada del Obispo en el Palacio Arzobispal, donde desde hace siete años lleva las cuentas de la Diócesis. Hombre afable y conversador, no se despega de su calculadora, pero echa de menos el oficio de párroco que ejerció sobre todo en Infiesto y el Occidente de Asturias. Ahora 'su casa' es el Arzobispado.
-Administrar los bienes de la Iglesia no debe ser tarea fácil.
-Al ecónomo le corresponde administrar los bienes muebles e inmuebles de la Iglesia en nombre del obispo. Es un trabajo de administración, pero la Iglesia no es una empresa que esté llamada a generar dinero ni a tener dinero, y no lo necesita más que en la medida en que lo utiliza para cumplir los fines que le son propios.
-¿Es cierto que existe un déficit de miles de millones de pesetas?
-La situación es económicamente estable; desde luego no estamos en déficit, ni hay agujeros ni estamos muchos menos en una especie de bancarrota. Lo que sucede es que no somos ni queremos ser una Iglesia rica. Tener dinero para nosotros sería una contradicción.
-Sin duda, afrontan un costoso programa de obras.
-Claro, las obras son costosísimas, por lo que no podemos con todas a la vez. De ahí, el calendario.
-La Corte está a punto de inaugurar un columbario. Otros templos también lo han hecho. Son una fuente de financiación y responden a una demanda.
-La Diócesis ha reflexionado sobre este asunto durante años y ha sacado una regulación de los columbarios. Lo que no nos gusta es que se entienda que estas cosas se hacen por una finalidad económica: que nadie diga que ya está la Iglesia comerciando con los muertos; no. Si detrás hay una actividad económica, debe ser transparente y proporcionada.
-¿Qué le ha parecido la imagen de Juan Pablo II peregrino para la nueva estatua de la ciudad?
-El papa Juan Pablo II se merece este homenaje y todos los que le quieran hacer. Lo que no puedo entrar es en las decisiones municipales por las que se deciden estas cosas.
-¿Y qué puntuación le daría a la pasada Semana Santa ovetense?
-Aproveché para ir a ayudar en parroquias rurales, y sólo asistí el Via Crucis del Nazareno. Lo encontré bien, serio. Percibí recogimiento religioso, y en estas cosas es difícil conjugar el espectáculo público con la vivencia de la Pasión del Señor.
-El alcalde y la cofradías quieren un nuevo paso, el de Jesús Resucitado. ¿Lo cree necesario?
-Me faltan elementos de criterio, pero creo que los cofradías y los pasos no se improvisan. Detrás de ellos hay una historia y mil vivencias acumuladas. Un paso nuevo necesita mucho tiempo antes de conseguir despertar o encajar ese sentimiento. No es cuestión de hacer más, sino de cuidar y redimensionar bien lo que tenemos.
-Izquierda Unida ha criticado la «política clerical» del Ayuntamiento. ¿Qué le parece?
-Entre los gobiernos y la Iglesia deben establecerse los cauces de entendimiento adecuados para un mayor entendimiento en el respeto de la mutua autonomía. La Iglesia puede aportar mucho a la sociedad y, en este sentido, no pedimos privilegios, pero sí reconocimiento de lo que hacemos.
-Usted es un «ovetense orgulloso». Vive en el casco histórico, un lugar emblemático y ruidoso.
-Es un lujo vivir allí, pero merece mucho más mimo y más atención, sobre todo en cuanto a sus ruidos y limpieza.