Todo apunta a que el fuego que en la noche del domingo al lunes 17 destruyó el número 3 de la calle de Ramón y Cajal, en la plaza de Riego, fue intencionado. Además, los investigadores han encontrado indicios de que el siniestro fue minuciosamente preparado por su autor o autores.
En primer lugar, existieron al menos dos focos del fuego de forma simultánea: uno en la planta baja, ocupada por una pizzería cerrada por vacaciones, y otro surgido en uno de los pisos del edificio.
Aunque no se han encontrado restos de acelerantes -gasolina, alcoholes o pastillas de barbacoa-, los investigadores calculan que por el interior del edificio se repartieron entre 60 y 70 litros de aceites. Son líquidos que no se consideran acelerantes, pero una vez que las llamas alcanzaron determinada temperatura, ardieron contribuyendo de forma decisiva a la propagación del incendio por la estructura, dificultando la extinción.
Otro de los datos que indican que una mano negra quemó el bloque es la forma en la que se extendieron las llamas: de la fachada a la parte trasera. De hecho, parte de esta última sufrió menos daños que el resto del edificio, lo que los analistas atribuyen a que los autores emplearon la parte posterior del número 3 de Ramón y Cajal como vía de escape tras el inicio del siniestro.
Ruinoso y en venta
Quien preparó tan minuciosamente el incendio también sabía que el inmueble estaba vacío al declararlo en ruina el Ayuntamiento. La constructora Entorno Asturiano, que tiene una obra en el solar colindante, prácticamente tenía cerrada su compra aquel día.
El autor probablemente también conocía las consecuencias del conflicto laboral en Bomberos. Las llamas se iniciaron poco después de la medianoche del domingo, coincidiendo con la salida de uno de los nuevos turnos de 8 horas, un sistema que sustituyó a las guardias de 24 horas y que rechaza casi toda la plantilla. Y como protesta, en demanda de que se les pague un complemento de disponibilidad, la mayor parte no acude a efectuar refuerzos si se les llama de cuartel.
En la noche del incendio, la centralita del SEIS llamó hasta a 30 funcionarios, pero ninguno respondió. La ciudad quedó sin un segundo retén y sin posibilidad de reforzar en Riego a los ocho bomberos de servicio.