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Domingo, 30 de abril de 2006
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OVIEDO
Oviedo
Un bosque urbano
Veinte alumnos del colegio Santo Domingo estudiaron la flora y fauna de La Manjoya de la mano del Fapas
EXPLICACIÓN. La reciben los escolares de Santo Domingo. / M. R.
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Se llama bosque animado porque tiene pájaros de diversas clases, serpientes de agua, erizos de madera colocados por los árboles y tierra por el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas) para que los pequeños del municipio conozcan especies que, en otras circunstancias, podrían vivir en La Manjoya.

Este pequeño bosque está situado al lado del Aula de la Naturaleza de la Manjoya y se encuentra cercano a la senda peatonal de Fuso, por donde discurre el río Gafo. El problema es que está junto a una autopista, la A-6. El sonido de los coches es constante.

«Lo que más nos molesta desde que entramos es la contaminación acústica», explicó Alejandro González, coordinador de las actividades escolares que organiza el Fapas en colaboración con la Concejalía de Educación. En otoño y primavera promueven visitas al bosque y recorridos interpretativos para alumnos de Primaria y Secundaria. Desde marzo hasta mayo pasarán cerca de 1.000 estudiantes.

A las 9.30 de la mañana llegaron puntuales los 20 alumnos de tercero del colegio Santo Domingo. El coordinador de las actividades les esperaba para introducirles en la naturaleza. La primera lección estuvo relacionada con un taller de anfibios que puede verse en la zona.

Les habló de los diferentes tipos de sapos, ranas, tritones y salamandras, de la metamorfosis y, cómo no, de las «amenazas de la construcción». Los chavales pudieron comprobar en la práctica toda la teoría y las numerosas fotos que González les fue enseñando.

De renacuajos a helechos

En la charca situada frente al aula, buscaron los animales. Uno de los escolares, Pablo, tentaba a la suerte. Se acercaba demasiado al agua para comprobar si los renacuajos tenían patas traseras o no. Era otra de las lecciones.

Después, pasearon casi en fila india por el bosque animado. Lo hicieron por un camino perfectamente arreglado con el único fin de que los colegiales puedan disfrutar de «una mirada naturalista» sin los inconvenientes del barro.

Uno a uno se pararon a observar los helechos, que todavía en esta época están adormecidos por las bajas temperaturas, los árboles y las zarzas del suelo.

Una de las mayores sorpresas que se llevaron los jóvenes estuvo relacionada con el encuentro por sorpresa de varias huellas de jabalí. Estaban justo al lado del camino de madera. Los más atrasados de la excursión no pararon de alborotar. Los de delante, sin embargo, no perdieron detalle de las explicaciones de Alejandro. «¿Por qué se estarán extinguiendo los urogallos?», preguntó Pedro al ver uno hecho de madera entre las zarzas. Pocos pasos antes había encontrado «¿otra huella!».

La lección

Con parte de una hoja de helecho entre sus manos y después de más de dos horas en La Manjoya, el joven, que era la primera vez que pisaba un bosque, aprendió «que debemos respetar las plantas, los animales y que los insectos no son simples animales». De hecho, según reconoció Irene, «todo lo que hay en un bosque sirve». Otra de las adelantadas de la fila durante su visita por el bosque animado se quejó del olor que desprendía el río, a pesar de lo nublado y fresco del día. La experiencia fue diferente para cada uno de los chavales.



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