Siempre he reconocido una gran deuda pendiente con Corín Tellado pues soy uno de los tantos escritores que hicimos nuestros primeros pinitos con su ayuda. Cuando tenía 16 años y lo único que quería era ganarme el pan escribiendo, me contrataron en una radio chilena para escribir guiones de teatro radiofónico que debían durar 26 minutos. A esa edad todo es fácil, hasta que la realidad indica lo contrario, y lo comprobé cuando, luego de estrujarme los sesos durante una semana, comprobé que no tenía ninguna historia para contar en el octavo guión. Entonces recordé que mi madre solía leer unos libros delgados, de pequeño formato, y que más tarde intercambiaba por otros con sus amigas.
De esa manera empecé a leer las novelas de Corín Tellado, saqué de ellas la materia prima para muchos guiones radiofónicos, y aprendí que la literatura también es una sana forma de entretención.
A Corín Tellado debemos millones de lectoras y lectores que, si no hubieran descubierto sus novelas, jamás se habrían contagiado con el hábito vitalicio de la lectura. Sus novelas, sus miles de novelas de amor, trascienden mucho más allá de la simple sentimentalidad o 'arquitectura rosa' con que más de alguno, que no las ha leído, suele referirse a ellas. Corín Tellado domina una forma de narrar que es casi como susurrar al oído una historia, tremendamente eficaz en sus tiempos narrativos; concisa, pero nunca reductora del lenguaje, realza en sus obras la presencia de esos viejos valores humanos que se llaman generosidad, sentido de justicia y valor de la palabra empeñada. Además, sus novelas tienen un sello esperanzador que ha permitido, especialmente a las lectoras de América Latina y de España durante los años oscuros del franquismo, que imaginaran y vislumbraran una felicidad que les estaba vedada. A veces la literatura logra sintetizar una época mediante personajes que se tratan en un sanatorio de lujo, y otras veces mantiene vigente la simple sensibilidad que nos hace humanos. Ambas tareas tienen la misma importancia y legitimidad.
Me agrada saber que Corín Tellado es una vecina de Gijón. La he encontrado inaugurando una librería o paseando por el Muro de San Lorenzo, con su rostro de mirada severa que desaparece en un mar de ternura cuando responde a quienes la saludan.
Felicidades, Corín, y sigue escribiendo esas historias en las que el amor se impone al egoísmo y a la barbarie de los necios.