Eustaquio Bustos parece haber sido labrado en los moldes de la negociación. Desde que en 1964 llegó al barrio de La Peña, en Mieres, se ha convertido en la viva imagen de las protestas. Como presidente de la asociación de vecinos ha tenido que «pelear» con Hunosa, el Ayuntamiento de Mieres y la Dirección General de Carreteras. Primero trató de aliviar la crisis de polvo y barro que originó en el barrio el lavadero del Batán. Después vino la construcción de la autovía minera, de cuyo anuncio asegura que se enteró por el periódico y que a punto estuvo de hacer que tirara la toalla y, más tarde, la obra de los enlaces.