ESTADOS Unidos no celebra el 1 de mayo como fiesta oficial de los trabajadores, pero ayer varios millones de hispanos fueron a una huelga general para reivindicar medidas legislativas justas para integrar a los numerosísimos 'sin papeles', que suman casi 12 millones de personas. La idea de los activistas era hacer notar su decisiva aportación a la economía norteamericana y continuar la campaña de protestas iniciada hace unos meses, cuando se empezaron a discutir en la Cámara de Representantes y en el Senado diversos proyectos de ley que los afectan plenamente. No en vano, los hispanos constituyen un 15% de la fuerza laboral y su poder de compra supone ya el 8% del total en EE UU.
La división de criterios en Estados Unidos respecto a cómo abordar el problema de los 'sin papeles' es tal en el momento actual que mientras algunos de los borradores favorecen la regulación a los inmigrantes ilegales que hayan residido cinco años y regulan el trabajo temporal, otros sencillamente los criminalizan, fomentan su deportación y, con poco realismo, hablan de cerrar herméticamente la frontera con México. Además, al ser 2006 un importante año electoral y haber alcanzado la minoría hispana la cifra de 41 millones de personas, el debate sobre el lugar que ocupan los hispanos en EE UU se ha polarizado extraordinariamente. Tanto, que las medidas legislativas pretendidas por Bush, muy debilitado políticamente, han encontrado su mayor rechazo en la propia derecha republicana, cuyos sectores más inmovilistas consideran al presidente en exceso favorable a los hispanos, porque sabe que forman parte de su base electoral más importante.
La reivindicación hispana enlaza con la lucha por los derechos civiles en los años 60 y las propias señas de identidad de EE UU, un país hecho por inmigrantes y abierto a la realización del 'sueño americano' por los recién llegados. Cabe, sin embargo, preguntarse si la táctica de huelga general puede ser contraproducente para los convocantes de la huelga, por la enorme diferencia de poder que en EE UU tienen los empresarios en relación con los trabajadores. Quizás hubiese sido mucho mejor aceptado y más efectivo haber convocado una protesta en positivo, que demostrase la voluntad de los hispanos de integrarse en la sociedad norteamericana, aprender el inglés y pagar religiosamente sus impuestos.