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Martes, 2 de mayo de 2006
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POLÍTICA
AL GRANO
Valledor, ZP y la FSA
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EL plan de la FSA, de pactar la reforma estatutaria con el PP e incorporar luego al acuerdo a IU, no ha gustado a los dirigentes de la coalición de izquierdas, y menos que a ninguno de ellos a Javier García Valledor, destacado miembro del Gobierno regional (es diez veces más conocido Valledor que los consejeros socialistas, tan dados ellos al perfil gris del alto funcionario, más que al papel del político democrático en contacto con la sociedad). El consejero de Justicia es muy sensible a todo lo tocante con el Estatuto de Autonomía, no en vano él es el principal responsable de llevar a su fuerza política por los meandros del regionalismo/nacionalismo, tan ajeno al discurso clásico de la izquierda estatalista española y europea. Valledor dice que la FSA está más cerca del PP que de ZP, y puede que no le falte razón, porque el presidente Zapatero es una especie de Valledor, pero en clave socialista, capaz de rescatar el espíritu de la II República, antinuclear sin complejos, feminista hasta modificar la legislación y dispuesto a ser tan rojo como exija el discurso indigenista del buen antiyanqui.

La diferencia de Zapatero con Valledor o con Llamazares estriba en que lidera un partido -el PSOE- con enorme credibilidad en la sociedad española, que puede permitirse el lujo de soportar las excentricidades de un líder tan atípico como Zapatero. La famosa suerte de Zapatero procede de la fortaleza del puño y la rosa, porque si ese discurso progre lo lanza envuelto en otras siglas cosecharía los mismos votos que todos los republicanos, antinucleares, rojos, feministas radicales y antiamericanos habidos en 30 años de democracia española.

Para Valledor, el modelo autonómico de la FSA carece de ambición, y es lógico que piense así, porque para IU el camino de progreso y de la izquierda pasa por rescatar o crear identidades territoriales muy marcadas, que transformen la España de los libros de historia en otro mapa unido por lazos de amistad entre territorios muy diferenciados. Una lectura del Estado de las Autonomías a la que siempre se apuntó el nacionalismo vasco y catalán, y que ahora ensaya IU en otras regiones. La FSA, con todos sus defectos, piensa que mantener un Estado fuerte es clave para la izquierda.



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