elcomerciodigital.com
Jueves, 4 de mayo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CUENCAS
LA LUCIÉRNAGA
Burros
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Nosotros, inquilinos sin ayudas para obtener un piso adecuado; nosotros, habitantes de un municipio que no se ocupa de nuestro ocio; nosotros, pequeños empresarios que no podemos levantar el comercio sin apoyo de la administración para que medren estos valles; nosotros, representantes de una estirpe de artesanos monolingüistas resistentes a la invasión; nosotros, izando esta bandera o aquella, indivisibles ambas; nosotros, dueños de una cultura -nada de indo, quede lo europeo- generadora de otras; humanos, al fin. Nosotros. Ah, y nosotras.

Tan aficionados a justificarnos, somos víctimas del 'síndrome del ombligo', también denominado 'síndrome de los pronombres'. Y el contagio de tal síndrome puede llegar a tal punto que uno, en su afán de combatirlo, se deleitaría coleccionando declaraciones oficiales y oficiosas, noticias, opiniones de ascensor o autobús, en las que nos volvemos peonzas en rotación sobre este sol: Nosotros, por supuesto, los humanos.

Así, ¿cómo permitir que unos 'bichos' que no comparten con 'nosotros' el dos por ciento del genoma obtengan privilegios sólo otorgables a 'nuestro ombligo'? Por dios... Aunque debe ser eso: que los altares devotos de nosotros mismos, oh dioses de múltiples nombres y colores, se sentirían ofendidos. En cuanto a otros bichos, que no comparten ese noventa y ocho por ciento de genoma ¿cómo se nos ocurre otorgarles derechos, cuando se trata sólo de contemplar sus deberes de fieles servidores del astro 'ser humano'?

Una vez más se ha producido una denuncia de maltrato animal; esta vez en el concejo de Lena, esta vez referida al maltrato de un burro. Otras veces han sido -y, desgraciadamente, serán- caballos atados a la muerte, o perros apaleados, gatos víctimas de juegos crueles -dicen que infantiles-, o vacas hacinadas entre su estiércol, o gallinas aferradas a cuatro hierros oxidados. Tenemos que alimentar 'nuestro' estómago y 'nuestro' espíritu lúdico. Además, mientras, otros, de nosotros, se mueren de hambre. La compasión -ese invento que alivia nuestro deambular por nuestra barriga inflada- ha de dirigirse hacia, sólo y exclusivamente, nuestra Gran Especie. Aunque sólo sea en apariencia.

En nuestro diccionario hay trece acepciones de la palabra burro. Importantes todas. Alguna muy atinada, referida a 'nosotros'. Hay quien prefiere ignorarlo.



Vocento