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Viernes, 5 de mayo de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
Inmadurez política
LAS bases militantes de Esquerra Republicana de Cataluña han colocado a la dirección de su partido en una difícil tesitura al rechazar por abrumadora mayoría la propuesta de «votar nulo» en el próximo referéndum del Estatuto catalán y han exigido a Carod-Rovira que haga campaña por el 'no', aun a costa de tener que abandonar el Gobierno tripartito.

Algunos líderes republicanos se lamentan ahora de no haber sabido «explicar» a sus bases que, desde la entrada en el Ejecutivo de coalición tripartito, la organización republicana se había convertido en un partido de Gobierno y dejado de ser un grupo antisistema. También el Partido Socialista de Maragall -cuando suscribió el Pacto del Tinell con Iniciativa per Catalunya y ERC- intentó conjurar los malos presagios sobre el efecto de un partido tan radical como el de Carod-Rovira en la estabilidad gubernamental, vaticinando que el peso de las responsabilidades de Gobierno obraría el milagro de convertirlo al compromiso y el pragmatismo. La realidad a lo largo de estos dos años de participación en el tripartito ha demostrado que las inercias radicales y el discurso rupturista -en buena parte sembrado por algunos de quienes ahora lamentan sus efectos- se han mantenido con intensidad en las filas republicanas.

La degradación progresiva de las relaciones de ERC, tanto en relación con el tripartito que gobierna Cataluña como con Zapatero, plantea serias dificultades para la estabilidad institucional en Cataluña y para la culminación brillante de la arriesgada reforma del 'Estatut' en que se ha embarcado el presidente del Gobierno. Esquerra Republicana no puede pretender vivir en el permanente oportunismo político disfrutando de los beneficios de participar en el Gobierno sin renunciar simultáneamente a capitalizar la insatisfacción y el victimismo, como si estuviera fuera del sistema. Tiene que optar con todas las consecuencias entre ser Gobierno o ser oposición.



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