EL Consejo Consultivo todavía no ha terminado el dictamen sobre la reforma del Estatuto de Autonomía de Asturias. Nos habían dicho que el informe iba a estar acabado para el 10 de abril; luego hubo un pequeño corrimiento de fechas y la entrega quedó fijada para después de la Semana Santa el 25 de abril. Acabó el mes sin dictamen y en el calendario se habilitó el 10 de mayo como nueva fecha de referencia, aunque a renglón seguido se habló de mediados de mes, sin especificar el día, por lo que no es aventurado pensar que la espera se prolongará. Se ve que trabajan a tres turnos. De esta demora cabría deducir que se retrasa el trámite parlamentario de la reforma estatutaria, pero el presidente Areces -un político optimista al hacer previsiones- asegura que no va a ser así.
El presidente no está cruzado de brazos a la espera del informe del Consejo Consultivo, sino que ya trabaja sobre los aspectos políticos de la comunicación que va a enviar a la Junta General del Principado, y cuando llegue el dictamen del Consejo Consultivo le agregará las consideraciones jurídicas. Si el presidente lo dice habrá que creerle, aunque no deja de ser un método de trabajo un tanto complicado. En realidad, todo el procedimiento utilizado para echar a andar la reforma es difícil de entender, porque lo más natural es que se hubiera fijado postura desde el Gobierno, ya que se trata de una iniciativa política pura y dura, y luego, cuando el proyecto de reforma tomara cuerpo en el Parlamento, se podría hacer una consulta a los órganos de asesoramiento sobre algún aspecto dudoso. Sobraban los informes preliminares de los expertos, ya que no tiene sentido pedirles argumentos sobre la definición de la comunidad autónoma o la cooficialidad de la llingua, porque no son cuestiones para profesores, sino para políticos.
Se siguió un camino tortuoso para hacer la reforma estatutaria porque los socialistas querían perder tiempo. Ahora quieren acelerarla y de ahí que el Gobierno trabaje en paralelo a los sabios del Consejo Consultivo. Tiene una forma muy sencilla de ganar tiempo el presidente Areces: mandar un par de folios motivados a la Cámara para que abra un debate sobre la reforma. Lo que ya podía haber hecho hace un par de años.