Desde 1957 espera el castro de Llagú que alguien haga algo para preservarlo. En tal fecha, hace casi medio siglo, José Manuel González y Vallés catalogó en Cellagú los restos del alto de la montaña, originarios del siglo VI antes de Cristo, e hizo pública su relevancia patrimonial. Si la Consejería de Cultura cumple su compromiso, el conjunto lucirá su historia en breve, aunque en otra finca.
Ana Rosa Migoya avanzó ayer sus planes: «Quisiéramos iniciar esa obra antes del fin de la legislatura». La consejera ve «probable» encargar un estudio arquitectónico a finales de 2006, para acelerar el proceso. Así acabaría un tortuoso camino que ha incluido procesos judiciales -promovidos por la cantera situada junto al asentamiento original, de la empresa Readymix-, y el levantamiento último de los restos.
«Todo el material está perfectamente documentado, almacenado y depositado», garantizó ayer Migoya. La «siguiente fase» es el citado proyecto de reubicación, donde el Principado piensa incluir «un conjunto de contenidos didácticos acerca de la cultura castreña en el centro de Asturias».
Aparte de la voluntad de la consejería, el impulso final cuenta con otro beneficio político. El Ayuntamiento inició en abril los trámites para la cesión del suelo donde se recolocará el yacimiento, la finca El Castañéu, en Latores.
Cooperar
Carlos Madera, director de Promoción Cultural, señaló ayer que todavía no ha recibido la cesión «de forma oficial», pero que está informado del asunto. Los 20.000 metros cuadrados del solar son «la mejor solución» y necesitarán más colaboración municipal: «Tenemos que ver qué participación va atener el Ayuntamiento en la reconstrucción del castro», apuntó. La recuperación de la colaboración entre administraciones no es baladí, pues el distanciamiento, ahora salvado, ha mantenido aparcado el proyecto durante más de un año.
La otra demora ha correspondido al informe de los expertos, paralelo a las excavaciones y que confirmó su importancia como asentamiento indígena, ocupado luego por militares romanos. Madera se refirió ayer a estos trabajos. Recordó que la última fase la dirige Ángel Villa y subrayó su importancia «para preservar los restos».