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Domingo, 7 de mayo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
 Actualizado: 1.40 a.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
A GOLPE DE BASTÓN. Joaquín Sabina derrochó energía durante su concierto en el Palacio de los Deportes de Gijón. / LUIS SEVILLA
Sociedad
De rodillas. Ellos y él. Sabina y su público. Ellos encantados de escucharle por fin, y él dispuesto a dejar constancia de su error aquel tristemente célebre día del 'gatillazo'. Pasaban apenas un par de minutos de las diez de la noche cuando se anunció su llegada, cuando la suerte de persiana blanca que adornaba el escenario se llenó con una imagen portuaria, cuando los fans coreaban como una sola voz el 'oe', 'oé', 'oé. Y eran exactamente y cinco cuando el jiennense se plantó en escena con vaqueros, frac y bombín dispuesto a levantar el pabellón que aquella noche se quedó tan bajo. Salió a escena,y sin mediar palabra, pero sí gritos y aplausos, se colocó sobre la pequeña pasarela instalada en el escenario para acercarle a su público, y se puso de rodillas. Con su bastón en mano, desató el entusiamo colectivo y los gritos de «Sabina, Sabina». Los bombines repartidos entre el público se alzaron y él comenzó a cantar. 'Aves de paso' fue el tema coreado por la multitud, 8.500 personas -se quedó a apenas 500 almas de colgar el cartel de 'no hay billetes'-, ansiosa de escuchar su voz rasgada.
 
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