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Sábado, 13 de mayo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Americanismo de ida y vuelta
Un asturiano, Fermín Canella, y un alicantino profesor en Oviedo, Rafael Altamira, fueron los impulsores de una novedosa relación de igual a igual entre España y el nuevo continente
Americanismo de ida y vuelta
ARGENTINOS. Hugo H. Prado y Marcelo Hugo Garabedian, ayer en Oviedo. / MARIO ROJAS
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España perdió Cuba, pero se acercó más a América. En aquel 1898 comenzó un movimiento que trataba de unir lazos entre España y el nuevo continente desde una perspectiva en absoluto paternalista, sino a través de una relación cultural e intelectual abierta. Un asturiano y un alicantino, Fermín Canella y Rafael Altamira, uno rector de la Universidad de Oviedo y el otro profesor desde 1897, unieron sus fuerzas para organizar un viaje transatlántico que habría de dar sus frutos. Hubo un antes y un después de aquella expedición de la Universidad de Oviedo por siete países latinoamericanos en 1909.

Fue el principio de los intercambios culturales, de una relación más estrecha que muy probablemente hizo posible que Gustavo Prado, argentino de origen gallego e irlandés, viajara casi un siglo después a Oviedo con una beca para investigar lo que sucedió entonces, en aquellos años en los que la Universidad asturiana ya había celebrado su tercer centenario. El año pasado leyó su tesis doctoral y ayer presentó en el Congreso de Estudios Asturianos, que se celebra en el Auditorio de Oviedo, un trabajo que abunda en la figura de Fermín Canella, el gran artífice en la sombra del viaje a Altamira al otro lado del charco.

«A finales del siglo XIX, con la crisis del 98 y la pérdida de Cuba, se potenció el movimiento americanista en España, es decir, la idea de que el futuro de España estaba en revincularse con América, no desde el punto de vista imperial, sino en relaciones de igualdad con las repúblicas americanas», relata Gustavo Prado con entusiasmo y acento porteño. Añade que en ese momento hay una emigración asturiana masiva a América, y de manera muy especial a Argentina, México y Cuba.

Esa recuperación del americanismo tiene a sus adalides en la Universidad de Oviedo. Su rector entonces, Fermín Canella, puso todo su empeño en organizar un viaje con el ánimo de estrechar lazos. «Movilizó todos sus contactos en América para que les brindaran apoyo económico y acceso al poder, a las elites sociales», relata este investigador, para el que el objetivo era romper con la dinámica de hispanofobia que se había asentado en el continente americano.

Desde la institución académica, por fin, se puso fecha al viaje, del que habría de ser protagonista Rafael Altamira. En 1909 llegó a Argentina, un país en el que permaneció durante más de tres meses. «Su viaje tiene una repercusión intelectual entre las elites argentinas», en un momento histórico en el que se pretendía recuperar la vieja idea de que el país era una nación de raíces hispánicas, algo que hasta entonces se había rechazado con vehemencia. «Este viaje es un primer hito que representa un cambio de tendencia en las relaciones intelectuales entre España y Argentina», asegura el historiador.

Luego, Altamira y su acompañante tomarían rumbo a México, Cuba, Uruguay, Chile, Perú... Fue recibido por jefes de estado e incluso se convirtió en un fenómeno de masas. En algunos lugares, sus compatriotas le acogían con entusiasmo su llegada, porque en el fondo con su presencia se recuperaba la idea de España. Incluso la colonia peninsular colaboró a la hora de pagar un viaje que Canella quiso que no tuviera ningún condicionamiento político. Se financió con dinero de la Universidad y no se quiso recurrir al poder en busca de fondos para garantizar la independencia de la expedición.

De regreso a la península, también hubo un recibimiento espectacular, porque Altamira traía consigo algo con lo que elevar la desgastada moral de la España del momento. Su viaje fue un éxito y América se arrimó más a España. Tanto que dice el experto que este periplo es el origen de las actuales relaciones entre universidades.



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