No está todo perdido. Para mejorar, dicen los sabios, siempre hay tiempo. Esta máxima, más que optimista, tiene aplicaciones infinitas y muchas lógicas abstractas, pero también se puede reducir a un concepto concreto en un escenario determinado y eso es lo que hacen profesores, psicólogos, orientadores y padres al describir la esperanza y la mejor manera de sacar adelante un curso que empieza a asomar las orejas de la última evaluación. El objetivo, además, es hacerlo sin morir en el intento y lograrlo, pese a haber dibujado hasta la fecha un expediente poco apto para una enmarcación.