Manuel del Lago, natural de Coraín (Cangas de Onís), emigró a Cuba en 1944 para poner en marcha un negocio de madera. Después, el «apretón de Fidel Castro» le hizo mudarse a Colombia con un montón de proyectos innovadores en la maleta. Ahora, este asturiano residente en Miami es dueño de un auténtico emporio empresarial -naviero, forestal, ganadero y de gestión portuaria- que da empleo a más de dos mil personas en Sudamérica. Su último proyecto, en el que participa Ingemas, es la puesta en marcha de la planta de biodiésel más grande del mundo.
-¿Viene a menudo a su Coraín, su pueblo natal?
-Dos meses al año los paso allí. Me gusta mucho Asturias, por eso bauticé a dos de mis barcos como Coraín I y Coraín II. Recuerdo que un capitán holandés que tuve estuvo buscando, desesperadamente, el nombre de mi pueblo en un atlas y no lo encontraba. Pensaba que era una ciudad grande o un país, cuando le dije que eran «cuatro casas» se llevó las manos a la cabeza. (Risas).
-¿Utiliza guardaespaldas?
-Ahora ya no. Antes contaba con dos equipos delante y otros dos detrás. Un día la Policía me detuvo en Washington, me multó y embargó mis barcos porque había descubierto que uno de mis guardaespaldas había introducido cocaína en Barranquilla. Desde entonces no he vuelto a llevar custodia.
-¿Ha recibido cartas de extorsión?
-Sí, allí es algo habitual y permanente. No se puede ceder ante los violentos. Hay familias que viven atormentadas y salen de Colombia porque no pueden aguantar esta presión. Viví el secuestro de mi hermano y el de un amigo, que al final fueron liberados.
-A su edad y sigue al pie del cañón. ¿No existe en Colombia la mentalidad de prejubilación que hay en Asturias?
-No (risas), por eso me siento extranjero allí y en Asturias también. Con la edad que tengo, cualquier día me recogen por ahí tirado en algún costal. Disfruto trabajando. Creo que un empresario empieza a producir a partir de los 50 años, por eso me choca esa mentalidad de prejubilación.
-El empresario, ¿nace o se hace?
-Se hace. Entré en los negocios en la época de la posguerra porque no me quedaba otro remedio. Me metí en una bola de nieve que sigue creciendo y no puede parar.
-Colombia tiene la fama de ser un país lleno de plantaciones de coca. ¿El proyecto de biodiesel puede contribuir a diversificar la agricultura del país?
-Sí, en Colombia hay plantas de coca porque hay rincones donde no llega nadie. Lugares que ningún presidente puede manejar y poblaciones que ni siquiera están censadas. El proyecto es una alternativa clara a los cultivos ilegales y contribuye a resolver el encarecimiento del crudo. La planta creará una nueva población y modificara la economía de todo el país.
-¿Teme que las grandes compañías puedan copiar su idea?
-Sí, reconozco que Repsol o Shell nos lo pueden copiar, pero seremos los pioneros. Ser los primeros siempre es una ventaja.
-¿Qué opina de la nacionalización de los hidrocarburos que ha decretado Evo Morales en Bolivia?
-Creo que al final Evo Morales cederá un poco ante las grandes multinacionales como Repsol o Petrobras y se arreglará este asunto. En el mundo globalizado todos debemos convivir, aprender a hablar para solucionar las cosas.