Dejó de ser una promesa para convertirse en toda una amenaza, primero, para el rey Schumacher y, después, para el príncipe Fernando Alonso. Pero eso ya es cosa del pasado. El último gran exponente de un pequeño país sobrado de grandes pilotos, deambula, como su equipo, por los circuitos de medio mundo, instalado lejos de los puestos de honor, mientras medita hacer oficial de una vez lo que en el 'paddock' se da por hecho desde meses atrás: el sí a la oferta que le ha llegado desde Italia, sobre todo tras rechazar una importante, de muchos ceros, propuesta de McLaren.