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Jueves, 18 de mayo de 2006
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OPINIÓN
AL AIRE
Reencarnar
EN el transcurso del acto rutinario de entrega de nuevas incorporaciones al 'Diccionario del disparate', su autor, Dascoíte, y este menda transcriptor sostuvimos este breve diálogo:

-Me faltará tiempo para poder incluir en mi obra lexicográfica todas las palabras y palabros que quisiera, dado que la vida tiene fin y no así mi capacidad de parir -comenzó él.

-¿Por qué no te haces de una de esas sectas que proclaman la teoría de la reencarnación o, lo que es lo mismo, que viviremos varias vidas hasta lograr el nirvana o la perfección?

-No es mala idea, aunque sea tuya, porque de paso igual podría volver a gozar con el Sporting en Primera, o viajar en el AVE, o circular por la autovía entre Llanes y Unquera, o comer angulas, o ver la fachada del Muro remodelada...

-No te pases, amiguín, que no puede estar uno reencarnándose eternamente.

-¿Tu te apuntaste a alguna de esas sectas, ho?

-No, bobín, porque me pasaría un montón de siglos pagando pufos, y la Quíntuple A o Asociación de Antiguos Acreedores de Arturo Arias pasaría a ser de esta sencilla manera una poderosa multinacional.

-Visto así.

Lean ahora la transcripción del material lexicográfico:

Alma: en opinión de mi admirado filósofo Fartón, el Epicuro de Gozón, el alma y el estómago son un todo indisoluble: «como afirma con gran tino un colega de la epicúrea manada, el apetito sobrevive al hundimiento y al tufo de la mortalidad, para ser premiado o castigado en otro mundo de acuerdo con su comportamiento en la carne. Hasta el escolástico elástico Tomás de Aquisí reconoce que no es imposible que aquellos que en vida sólo comieron para vivir, sin gozar de las viandas, sean castigados al hambre eterna, mientras que los que sí hayan sabido catar con fruición los manjares terrestres, clavarán para siempre sus dientes espirituales en los manjares divinos».

Fisco: fiasco (sobre todo en esos impuestos indirectos que pagan igual pobres y ricos).

Osadía: decirle a mi suegra que tiene el trasero más ancho y gordo que el de una gorda de Botero y un caballo de bronce.

Vegetariano: el que más, posiblemente sea aquel que en los hospitales sólo admitía transfusiones de clorofila.



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