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Jueves, 18 de mayo de 2006
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El Barça, campeón de Europa por segunda vez tras una espectacular remontada
El Arsenal se adelantó con un gol de Campbell, pero Eto'0 y Belleti materializaron la remontada del Barça El árbitro noruego expulsó al guardameta Lehman y anuló un gol a Giuly en una discutible decisión
El Barcelona tocó el cielo. Se elevó a la cúspide de la Torre Eiffel, a lo más alto del Stade de France, para conquistar la segunda Liga de Campeones de su historia. A los azulgrana les costó tres cuartas partes del partido remontar ante un Arsenal colosal. Los tantos de Eto'o y de Belletti hicieron insuficiente el tanto de Campbell en una brillante final de la Liga de Campeones, lastrada por la pésima actuación de colegiado noruego Terje Hauge.

Un instante. Un insignificante segundo. Una acción puntual. Las finales casi siempre eluden los favoritismos para centrarse en los protagonistas. Los jugadores y también la tripleta arbitral. París no fue diferente.

Nadie pudo poner en duda la entidad del acontecimiento. Cada uno, con sus propias cualidades, rubricaron una final repleta de intensidad. El Arsenal lanzó una oda al poder físico, adornado con un fútbol directo y mortal. Henry y Eboué evocaron esa sexta marcha. El Barça puso la pausa. El juego de toque. La clase. La capacidad para gestionar el balón.

El duelo anduvo a toda máquina desde el primer instante. Momentos en los que Valdés parapetó una inmensa muralla ante la insistencia de Henry. El Arsenal había arrancado a la inglesa. Fue a por su rival sin temor. Al Barça le costó superar la fiereza inglesa. Pasados diez minutos, el partido se adentró en el camino previsto.

El Barça mantuvo la posesión. Con paciencia, pero sin alardes, para evitar el contraataque mortal de los londinenses. Tras un par de remates, Eto'o y Ronaldinho combinaron para sacarle los colores a Terje Hauge, que no concedió la ley de la ventaja más clara que se recuerda y anuló un gol a Giuly. Menos mal que al menos expulsó al portero alemán.

La inferioridad inglesa, que pudo ser mayor tras una brutal entrada de Eboué a Gio, exageró el guión previsto. Más aún por la presencia de Van Bommel. Al Barça le faltaba clarividencia para superar la barrera tejida por Wenger ante Almunia. Al Arsenal le bastó otro error del árbitro noruego para batir a Valdés. Un piscinazo de Eboué ante Puyol acabó con el poderoso vuelo de Campbell ante un permisivo Oleguer.

Pese a la desventaja, el Barça prosiguió con su plan. Una estrategia que encontraba adversarios por doquier. Primero, el colegiado. Ahora, el palo de la meta inglesa tras una felina maniobra de Eto'o ante Campbell. Hacía falta mucha paciencia y mucho control para no perder la posición y desguarnecer la retaguardia ante el brutal cambio de ritmo de Henry y las internadas de Ljungberg.

El descanso alteró los biorritmos de Rijkaard. Faltaba el cerebro. Alguien que descorchase el tapón inglés. Iniesta no bastó. El holandés elevó el riesgo con Larsson. La entrada del sueco partió el campo, y reiteró las carencias de Oleguer ante Ljungberg. El Arsenal se sentía plácido ubicado ante Almunia, leyendo el partido a las mil maravillas gracias al prodigioso cerebro de Cesc. Confiaba en su defensa y en Henry ante un Barcelona incapaz de controlar las contras de su rival. Hleb, Ljungberg y sobre todo Henry tuvieron la final en sus botas.

Suerte del campeón

Sus errores Y los aciertos de Valdés abrieron la puerta de la victoria azulgrana. Cinco minutos bastaron para tocar la gloria. Eto'o, en posición muy dudosa, y Belletti, simbolizaron la remontada azulgrana ante un Almunia al que le tocó mascar la cara amarga de la derrota. El resto ya no importó. El Arsenal estaba desfondado. Agotado tras su sublime esfuerzo.

El Barça tuvo suficiente en controlar la posesión del balón para conquistar la gloria. Wembley ya no estará sólo en la historia del Barcelona. París también aparecerá en el museo del Camp Nou.

Fue un triunfo agónico el azulgrana, pero que nunca perdió la fe en la victoria. El Arsenal, lastrado, por la expulsión de su guardameta, pudo sentenciar durante el partido, pero se encontró con un Víctor Valdés que se mostró espléndido en algunas de sus intervenciones ante las peligrosas llegadas de los londinenses.



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