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Viernes, 19 de mayo de 2006
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Afganistán: peor y mejor
LA vuelta de la violencia en Afganistán es un hecho, hace aumentar las bajas entre las fuerzas locales y sus aliados occidentales y complica el debate en los estados democráticos que las envían, pero nunca han estado los talibán tan lejos de reconquistar el poder como ahora. En la noche del miércoles se produjo en la provincia de Helmand el combate más fuerte desde la caída del régimen integrista a finales de 2001: más de 50 muertos, entre ellos 40 rebeldes tras la toma por estos de la ciudad de Mosa Qala, evacuada después. Al menos trece policías afganos murieron y la operación continúa aún.

Si se suma a la fuerte ofensiva en Kandahar desde finales de abril, donde se han ilustrado soldados y policías afganos con gran cobertura británica y canadiense, las pérdidas entre los guerrilleros islamistas podrían superar el centenar. De hecho han sufrido muchas bajas cuando han aceptado enfrentamientos de intensidad, combates largos en áreas, sobre todo en el Sureste, donde su implantación es fuerte.

La importancia de los combates en curso es tanto política como militar: el distrito de Paujuai es la cuna de los talibán y donde hay más agua para el pez guerrillero. Helmand y Kandahar son la única preocupación militar en sentido estricto y la coalición, al corriente, ha apretado en cuanto terminó el invierno. Operaciones menores, sin embargo, también se ejecutan en otras zonas y los insurgentes han empezado a recurrir a acciones terroristas -incluidos los atentados suicidas, desconocidos allí- como el que ayer causó la muerte de un civil estadounidense en Herat.

El miércoles murió la primera mujer-soldado canadiense caída en acción desde el fin de la II Guerra Mundial, la capitana Nichola Goddard, lo que eleva a 16 el número de militares canadienses muertos en Afganistán. El hecho conmocionó al país mientras el Parlamento debatía la prórroga por dos años de la misión militar allí, que el Gobierno, en una atmósfera muy crítica y convulsa, ganó sólo por 149 votos contra 145.

Se puede decir, pues, que las cosas en Afganistán va a peor porque los combates se intensifican cuatro años y medio después del fin del régimen talibán pero también a mejor, porque las pérdidas de la rebelión son muy fuertes y se producen en sus feudos. Una situación compleja que la opinión occidental sólo sostendrá a largo plazo si se hace mucha pedagogía, se ven éxitos y el proceso político local se consolida.



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