Después de pasados unos días de tu fallecimiento, siento un gran vacío por tu pérdida, que iré supliendo con la convicción de que estás junto a nuestros padres y hermano. Recuerdo cuando me comentabas, en uno de tus últimos ingresos en el Hospital de Cabueñes, que hablabas para que te llevaran junto a ellos y, por suerte tuya, te han escuchado y has visto cumplido tu deseo.
Aquí dejas una familia triste y un montón de amigos, porque tú has sido amigo de tus amigos, servicial con ellos. Has vivido, como tú bien decías, cómo quisiste, pero para ti no eras bueno. Tu enfermedad te ponía límites que tú nunca cumpliste y por eso tus últimos años han sido de sufrimiento y de pena.
Con el deseo de que estés disfrutando ya de la compañía de papá, mamá y hermano, te diré por última vez «cuídate, chulín». Hasta siempre