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Sábado, 20 de mayo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Las caras de Colón
Murió hace hoy 500 años, sin saber que descubrió América. A Cristóbal Colón se le considera un gran marino, un genio y un visionario, pero parece que también fue ambicioso, egocéntrico, iluminado, explotador y genocida
Las caras de Colón
DESEMBARCO. Grabado que representa la llegada de Colón y sus hombres a América. / E. C.
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América fue su triunfo y su derrota. Los cuatro viajes a las Indias de Cristóbal Colón (1451-1506) no reportaron las riquezas previstas: el ansiado oro no aparecía. Murió solo y desprestigiado, reclamando a la Corona española las ganancias de sus descubrimientos. Cuentan que la avaricia fue su peor enemigo. «Por mucho que se llenara la boca con el amor a Dios, tenía la cabeza llena de porcentajes, oro y beneficios. El descubrimiento de América se planeó en primer lugar como un negocio que debía amortizarse con intereses e intereses sobre los intereses». Lo dicen los periodistas de 'Der Spiegel' Klaus Brinkbäumer y Clemens Höges, autores de 'El último viaje de Cristóbal Colón' (Destino, 2006). Consideran al navegante incapaz de «renunciar a sus visiones de iluminado» y de reconocer sus errores. Lo tachan de terco, obsesivo, egocéntrico y narcisista. «Unas veces es increíblemente astuto y otras irremediablemente estúpido».

A Colón le adornan muchas leyendas. Se le vincula con el corsario francés Casenove y con la tropa de Renato de Anjou durante los enfrentamientos con Alfonso V de Aragón y Juan II.

Le adjudican la defensa de la isla de Quíos del asedio turco, en 1475. Él alimentó el misterio ocultando su origen. Se cree que era genovés, hijo del tejedor Doménico Colombo y Susana di Fontarossa. Siempre dijo que naufragó en Portugal en 1476, y lo explicó así a Fernando el Católico: «Diós nuestro señor milagrosamente me enbió acá porque yo sirviese a Vuestra Alteza; dixe milagrosamente, porque fui a aportar a Portugal». Pero Lisboa era la metrópolis de los descubridores y los barcos portugueses buscaban en la costa africana un canal a la India. Además Colón ofreció su viaje al rey luso, que lo rechazó. Demasiada casualidad, dicen los investigadores. Lo más probable es que llegase como un simple inmigrante.

En 1484 Colón mendiga pan en el monasterio de La Rábida (Huelva). Es marino. Quiere llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Nada nuevo. En 1474, Paolo dal Pozzo Toscanelli ya defiende que la Tierra es redonda: se puede llegar a China por el Oeste. Lo explica en un planisferio que Colón conoce bien. Gracias a Fray Juan Pérez contacta con los Reyes Católicos. A la Reina, la idea le tienta; pero sus exigencias económicas le parecen descabelladas. Él no cede. Tras siete años de negociación, firman las Capitulaciones de Santa Fe (1492): Colón será 'Almirante del océano', con los privilegios del Almirante Mayor de Castilla, y con carácter vitalicio y hereditario; será gobernador y virrey de las tierras descubiertas; y tendrá el 10% de los ingresos de los nuevos territorios y el 8% de los beneficios del comercio que se haga con ellos.

Para Brinkbäumer y Höges, la financiación del primer viaje colombino es fundamental. Presupuesto: 2 millones de maravedís. El tesorero real Luis de Santángel pone 1,14 millones, sin repercusión para la Corona; el tratante de esclavos Gianotto Berardi, 500.000. Los reyes alegan una deuda pendiente y piden al pueblo de Palos dos barcos con tripulación: la 'Niña' y la 'Pinta'. Juan de la Cosa fleta la 'Santa María'. «Y ya tenemos la Sacrílega Trinidad -dicen-. Tierras para el virrey Colón. Oro para los reyes de España. Y esclavos para Berardi». Muchos de los 50.000 indios arawak del Nuevo Mundo, añaden, «fueron asesinados o murieron víctimas de las enfermedades de los europeos, contra las que no estaban inmunizados. Los demás fueron secuestrados por los colonizadores... experiencia que costó la vida a miles de ellos».

Zarpan de Palos el 3 de agosto de 1492. El 12 de octubre Juan Rodríguez Bermejo grita: «¿Tierra!». Desembarcan en la isla Guanahaní, las Bahamas y Cuba. En su cuaderno de bitácora, transcrito por Bartolomé de las Casas y publicado en 'Los cuatro viajes del Almirante y su testamento' (Espasa Calpe, 2006), Colón describe a los indígenas: «Desnudos como su madre los parió... muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos». No conocen las armas, son pacíficos. «Les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia». Le parecen «muy cobardes», buenos «para hacerles trabajar». Les regala cuentas de vidrio, sonajas, «cosas de poco valor». Cree que se convertirán «a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza» y aconseja a los reyes «hacerles cristianos».

Encalla en La Española (Haití y República Dominicana) y convierte los restos de la 'Santa María' en el fuerte Navidad, donde deja 39 hombres ávidos de riqueza. Él también lo está. «Sin duda hay en estas tierras grandísimas sumas de oro», escribe.Y busca los sitios «adonde (los indios) cavan el oro». Regresa el 15 de marzo de 1493. Pasea su triunfo y recuerda a los Reyes la oposición de «tantas personas principales de vuestra casa» a esta empresa, que espera sea «la mayor honra de la Cristiandad».

Primero se le aclamó como descubridor del Nuevo Mundo, como un marino valeroso y visionario; luego se le consideró un fanático religioso, el primer tratante de esclavos de la Edad Media y el primer genocida de la Historia. Para el historiador panameño Diógenes Cedeño, Colón era todo eso al mismo tiempo, porque no se puede ver el descubrimiento y la unión entre dos pueblos «sin la arrogancia y el genocidio». A su juicio, fue el mejor navegante de su época; audaz, meticuloso, bien informado y determinado. «Y, sin embargo, era avaro, el oro fue su pecado vital, mató por oro, era necio e ignorante, y un líder y un político nefasto».

Defenestrado y rehabilitado

Las expectativas de negocio se disparan. El 25 de septiembre de 1493, Colón parte de nuevo a América con 17 barcos y 1.200 hombres. Los celos, la codicia, la falta de víveres y las enfermedades malogran el viaje. Para Brinkbäumer y Höges, los españoles no se adaptaron. «Se mostraron tan incapaces como unos turistas de viaje organizado durante un apagón. Se empecinaron y murieron de hambre en el Paraíso», ignorando el pescado y las frutas tropicales. Pedían a España bizcochos, vino, aceite, jamón, «miel de la buena» y «agua de rosas». Colón no era menos: cama con seis colchones, sábanas de paño, trajes de seda, papel de tela estampado con árboles, mantas con su emblema, ochenta camisas...

Durante el segundo viaje los caníbales atemorizan a los españoles, escribe el doctor Diego Álvarez Chanca: «Los que son vivos llévanselos a sus casas para hacer carnicería dellos, y los que han muerto luego se los comen». Hernando, hijo y cronista de Colón, lo ratifica: «Tenían cortado el miembro genital, porque son cautivados por los caribes en otras islas, y después castrados para que engorden... y sean más gustosos al paladar». Otros autores creen que los españoles se encuentran en un mundo extraño, no conocen usos ni gestos y lo malinterpretan todo. Las cosas se complican para Colón. Los que regresan le cuestionan ante la Corte y evidencian la dificultad de colonizar una tierra que no da los frutos previstos.

El Almirante regresa el 11 de junio de 1496 y se defiende ante los Reyes. Casi ha alcanzado el paso a China y, si «no se les envía oro», es por la mala salud de sus hombres, «desbaratados y dolientes». Inútil: pierde títulos y derechos. Pero Manuel I de Portugal quiere enviar una flota a ultramar, al mando de Vasco de Gama. Los Reyes Católicos se alarman y reaccionan con rapidez: rehabilitan a Colón para colonizar La Española. El desprestigio de la empresa dificulta el reclutamiento de este tercer viaje, que sale de Cádiz el 30 de marzo de 1498. Según Consuelo Varela, autora de 'Cristóbal Colón, de corsario a Almirante' (Lunwerg Editores, 2005), se dictaron «cartas patentes para deportar presos y se prometieron indultos». El navegante alcanza Trinidad y Venezuela, sin saber que pisa un continente. En La Española, estalla un motín. Ordena ejecuciones; la rebelión crece. La Corona se entera y se inquieta. Manda a Francisco de Bobadilla, que, en 1500, regresa con el navegante encadenado. Los Reyes le perdonan, pero ya no será virrey de las Indias.

Colón negocia y remonta. El 13 de abril de 1502 parte por cuarta vez a América. Llega a Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Roza el Pacífico, pero no lo alcanza. Según su hijo Hernando, se engañó «porque no sabía que fuese estrecho de tierra». Algunos investigadores defienden que, en Costa Rica, el Almirante se centra en buscar oro y el paso hacia el Pacífico ya no le parece importante. Para Consuelo Varela, el viaje es un desastre: abandonó la búsqueda del istmo «cuando lo tenía más cerca», perdió cuatro navíos, «aniquiló a buena parte de sus hombres», y llegó a España en 1504 «enfermo, cargado de deudas y desprestigiado». Según Diógenes Cedeño, «sufría artritis y malaria... estaba casi ciego y no podía caminar».

Tenía que saber que no llegó a las Indias, advierte, «pero no podía rendirse»; eso significaba perder la fortuna y la fama logradas. «El cuarto viaje convirtió a Cristóbal Colón en un hombre derrotado, amargado y destrozado».



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