BUSH dijo hace una semana que a él también le gustaría cerrar Guantánamo, una fórmula que implícitamente sugiere que la situación no lo permite y que su Gobierno, asediado dentro y fuera sobre la extravagante situación jurídica y los daños políticos inherentes a la misma, no sabe realmente cómo proceder al respecto.
Para complicarle más las cosas, un Comité de la ONU sobre la Tortura acaba de pedir el cierre y garantías para los detenidos. Las graves conclusiones confirman que la prisión creada para los combatientes enemigos en la lucha contra el terrorismo incitan a la tortura y los tratos degradantes además de tener a los internos en el ya célebre limbo jurídico, amenazados con su entrega a países amigos para ser ablandados, sin un calendario preciso y privados del derecho a un juicio justo.
Técnicamente es verdad que no son las Naciones Unidas las que han difundido la grave requisitoria y que los redactores de la severa requisitoria son particulares seleccionados como especialistas y contratados por una agencia de la ONU. Pero esta dimensión más técnica que política apenas atenúa la extendida convicción de que Guantánamo es insostenible y de que el gobierno norteamericano debería abordar su cierre sin dilación. De hecho, tiene una política que se aplica discretamente: la de ir liberando internos, de modo que ya casi un tercio del total ha sido salido por la vía del envío de los interesados a sus países de procedencia, casi todos musulmanes. Washington lo hizo primero con militantes que procedían de Estados bien dotados de un sistema judicial fuerte que haría su trabajo a conciencia y sin prejuicios y ha seguido luego con terceros tras negociar ciertas garantías.
Actualmente quedan unos 460 detenidos y la tendencia es a seguir bajando. Pero la esperanza de vaciar la instalación y cancelar el problema no es una solución. Es un problema político gravísimo porque, además, da argumentos a los adversarios de los Estados Unidos y complica la tarea ingente de vencer en la batalla de la imagen que, sobre todo tras el mal resultado de la invasión de Irak y sus secuelas, Washington dista mucho de haber ganado. Bush debe anunciar un plan para cerrar Guantánamo sin pérdida de tiempo.