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Martes, 23 de mayo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
MARTES SIN PÁJAROS
Reza lo que sepas
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DAVID González sabe bien que el infierno son los otros, como quería monsieur Sartre, seguramente antes de empezar a salir con la Beavuoir. Leo su último libro de un tirón ('Reza lo que sepas', Editorial Eclipsados) y, sospecho, González se ha hecho más rebelde que nunca. La delincuencia, la cárcel, la familia, la soledad, los amigos, flotan en este libro como cadáveres sobre el amplio mar. Su familia es lo primero, y dicho tema es una constante en la poesía de González, porque su mirada es limpia, limpísima, en la mirada de aquel que fue, «cuando no era más alto que la escopeta de su padre». Se mira en los charcos rotos de la calle, y de esa mirada (tan juvenil, tan fresca) surge este completo rayo, que es su último libro.

Enriquece el libro la jerga carcelaria o popular: lumis (prostitutas), farlopa (cocaína), Longares (traidor), mojada (puñalada), estebellar (degollar), empalmado (armado); junto a otros términos todavía más intensos y auríferos: balichó (individuo de constitución porcina) o muiles (excrementos de animales). Todo ello debería servirnos para ver en González el ser apasionado de la lengua que es, que sigue siendo, intentando volver atrás para rehacer toda su vida, cultivando la poética de la mirada y la lágrima hecha cemento al fondo del paladar. Recuerda amantes, ahora putas; ironiza en torno a sí mismo, a su dentadura podrida por las drogas o todo su futuro/pasado; da continuos pases de experto torero, añora a los suyos (padres, familia), sabiendo que su único mundo es ese: el de casa. Quedamos rendidos, satisfechos, de este puñado de llamas que David González, cada vez más clásico, nos regala con la fuerza de las cicatrices sobre el papel impreso.

Creo que ya va siendo hora, querida alcaldesa, de una calle para González. La han tenido otros que no le llegan a los talones. Su único tema es el hombre en el exceso y las respuestas que allí puede ofrecer. Démosle una rosa a González, una bella calle o travesía donde las lumis jueguen al ajedrez y un balichó como yo pueda comerse cinco pinchos de tortilla.



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