Fernando Alonso sabe que los grandes pilotos deben ganar alguna vez en las calles del 'glamour' y los casinos. Como un ciclista en Alpe D'Huez, un tenista en la central de Roland Garros o un buen equipo de fútbol en San Siro. De ahí su enfado por haberse marchado ya en tres ocasiones de la capital monegasca -con el Minardi, incluso para una persona que tiene sangre y respuestas para todo, la tarea resultaba a todas luces imposible- sin el triunfo en su mano o, al menos, con la satisfacción de haberse subido al podio.