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Miércoles, 24 de mayo de 2006
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POLÍTICA
AL GRANO
Marcar las líneas rojas
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EL PP exige que en el marco del pacto antiterrorista se establezcan los límites de la negociación con ETA como condición indispensable para seguir dando apoyo al Gobierno en la política de diálogo con la banda armada. No es un capricho la postura del PP, ya que aborda el aspecto más crítico del llamado proceso de paz. Con algunas reservas, todo el arco parlamentario y la mayoría de la sociedad ve bien que el Gobierno negocie con ETA el fin de la violencia, pero la controversia comienza cuando se trata de delimitar qué asuntos se pueden poner encima de la mesa de la negociación y cuáles son intocables. Es correcto llevar ese debate al seno del pacto antiterrorista, porque en él están los dos grandes partidos (PSOE y PP), que tienen 312 escaños en el Congreso de los Diputados.

Zapatero siempre ha afirmado que con ETA no va a hablar de política, sino de los pasos a dar para disolver la banda armada, acompañado de medidas penitenciarias. Ahora bien, cuando los portavoces de Batasuna y ETA citan la autodeterminación o la anexión de Navarra como asuntos a debatir con el Gobierno, parece oportuno un encuentro reservado entre las cúpulas de los grandes partidos para tratar este asunto. Sólo se puede restablecer la confianza entre PSOE y PP si se comparte la 'hoja de ruta' de la negociación. El PP habla de establecer unas «líneas rojas» que no se puedan superar en la negociación, lo que sería una garantía para los partidos y la sociedad. Es más necesario que los dirigentes de ambos partidos compartan esas bases para empezar a negociar con ETA que las confidencias que le pueda contar, posteriormente, Zapatero a Rajoy sobre determinados extremos del proceso. Lo más importante es fijar con toda claridad la postura del Estado.

Ahora bien, lo que no puede pretender el PP es que el Gobierno vaya a la negociación atado por un mandato rígido que se resume en una pregunta: ¿Ustedes, terroristas, están dispuestos a dejar las armas? En los últimos meses hemos escuchado machaconamente que Aznar no negoció, que sólo se limitó a constatar la falta de voluntad de ETA para dejar las armas. Para hacer esa constatación no hacía falta viajar a Zurich. Los que crean que los gobiernos tienen planteamientos tan simplistas con el terrorismo es que viven en minoría de edad.



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