Los usuarios del campus de Gijón no están viviendo sus mejores momentos. Después de años de embriaguez con las alabanzas de las autoridades académicas sobre la calidad de unas instalaciones comparables a las mejores de España, tres meses de huelga de media docena de jardineros han puesto en evidencia lo delicado del equilibrio de esa realidad. Basura acumulada en todas la papeleras y la conversión del viejo césped en distintos campos asilvestrados, han cambiado la imagen del campus y saturado la paciencia de alumnos y profesores. Pero no ha sido la estética, sino el normal desenvolvimiento de la vida cotidiana en condiciones de salubridad, lo que ha propiciado, finalmente, la intervención de la Universidad de Oviedo para solucionar una situación que, según fuentes de la propia institución académica, «amenaza con crear un problema de salud pública».