MUCHOS son todavía los interrogantes en torno a la operación policial contra el dopaje en el ciclismo, que se ha saldado con la detención de cinco personajes muy conocidos de ese deporte. Que entre ellos aparezca quien ha sido director de equipos como ONCE y Festina, ahora del Liberty Seguros, junto al médico de los ciclistas más conocidos de España y otros países, le ha dado a la operación una gran notoriedad pública en la que, no obstante, se perfilan ciertas incoherencias. Resulta sorprendente que Manolo Saiz, el personaje más conocido de los detenidos, quedara ayer en libertad sin pasar siquiera por el juzgado.
No se corresponde tal desenlace, a las 24 horas de la redada, con el aparatoso dispositivo de los registros domiciliarios, detenciones 'in fraganti', e incautación de importantes cantidades de sustancias prohibidas y bolsas de sangre. Si es que ha habido precipitación en la actuación de la Benemérita o en la proyección propagandística que la acompañó, es algo que aclarará posteriormente la instrucción judicial. En nuestro país sólo es perseguible el deportista consumidor de anabolizantes u otras sustancias prohibidas, no así quienes se las procuren y, por lo tanto, hasta que se apruebe la Ley Orgánica de Protección de la Salud y de Lucha contra el Dopaje en el Deporte, ahora en trámite parlamentario, quienes manejen o suministren esos complejos farmacológicos o vitamínicos sólo pueden ser castigados por delito contra la salud pública, como cualquier traficante de drogas.
Tras los escándalos del 'Tour' francés de 1998 y del 'Giro' italiano en 2001, o el más reciente del español Roberto Heras en la Vuelta a España, dopaje y ciclismo son dos realidades que convergen ya de una manera que dista mucho de poder considerarse como 'ocasional'. Por ello la futura ley contra el dopaje, se hace cada vez más necesaria si realmente se pretende instaurar una política de 'tolerancia cero' contra esas prácticas. Pero sería igualmente conveniente una verdadera reflexión colectiva sobre los límites hacia los que, en aras de una mayor espectacularidad -y rentabilidad- se 'empuja' cada temporada a los deportistas profesionales.