En el sofá, delante del televisor, en un banco del parque, en la playa... En cualquier sitio, menos en la cama. Y no son instrucciones del 'Kamasutra'. No es lo que parece. Todo es cuestión de sueño. Basta con haber cumplido los 65 para comprobarlo. A partir de esa edad, el reloj biológico sufre alteraciones y una de ellas afecta a las necesidades de sueño. Las 'cabezadas' se multiplican durante el día y los despertares aumentan de noche -según estudios recientes, pueden superar el centenar-. Resultado: menos horas de descanso y menos reparadoras.