LA presencia de ese discípulo de Bakunin llamado Acracio Barricaes en las caminatas filosóficas organizadas por la Escuela Paripatética de Caleya se deja notar en intervenciones como la que subsigue, proferida con toda solemnidd durante un alto en el camino:
-...Convendréis conmigo, amiguinos, que cada día ye más cierto que la palabra solidaridad va a terminar por convertíse en un fósil lingüísticu o, como mucho, perdurará en la memoria de algunos como el nombre de un sindicato polacu. A cualquier nivel practícase con fruición y convencimientu lo de «egoísta ye'l que no piensa en mí», mientres que el juegu imperante ye'l del 'yo-yo'. Sólo así puede explicarse que hasta en les sopes se encuentre uno con nauseabundes indentidades históriques en vez de con los pelos clásicos, que daben bastante menos ascu. Sobre todo si se tiene en cuenta que, hablen de lo que hablen, los políticos nacionalistas, hablen en el fondo, de perres...
-Y yo aún diría más: el nacionalismo no es sólo el sentimiento de amor al propio país, sino la manipulación ideológica de tal sentimiento para transformarlo en legitimación de una élite política. Por si ello no fuera suficiente, el fenómeno del nacionalismo es como los decimales periódicos: no tiene fin. Cada pulga nacionalista da lugar a más pulgas pequeñas, de modo que la plaga continúa, por no mencionar el hecho de que las pulgas del mismo tamaño también se atormentan recíprocamente -intervino el ecléctico Casacites.
-¿Qué males pulgues!- exclamó Julián de Cimavilla.
Luego, Acracio retomó el hilo argumental:
-También tengo muy claro, clarísimo, que al pasu que vamos, quienes, a pesar del entornu, todavía conservamos vocación internacionalista seremos una minoría que habrá que proteger. Pero internacionalistas de veres, y no como algunos de Izquierda Unida que son capaces de vendese por un platu de lentejes de votos nacionaliegos, según los vienen demostrando con la oficialidad del bable y otres gaites estatutaries.
-¿Arriba, parias de la Tierra, en pie...!- comenzó a cantar el escolástico elástico Tomás de Aquisí, simpatizante comunista y procedente del seminario como no pocos dirigentes del Partido.
El caso es que el 'ceruyu' me nizo entender 'Arias' y me puse en pie como impelido por un rayo. Los pensadores se percataron del equívoco, comenzaron a reírse y el ambiente se relajó hasta el la reanudación de la caminata.