EL anuncio de la fusión entre Arcelor y la empresa rusa Severstal constituye una operación del gigante europeo del acero para ponerse a resguardo de la opa hostil lanzada por Mittal Steel, que al elevar en un 34% su oferta inicial podía resultar tentadora para los accionistas de Arcelor que no están vinculados al Consejo de Administración y que tienen en sus manos el 87,5% de los títulos de la empresa. La fusión de Arcelor y Severstal está planteada como una ampliación de capital del holding europeo, que permitirá al principal accionista de la empresa rusa, Alexey Mordashov, hacerse con un 32% de los títulos de Arcelor, al aportar los derechos económicos que tiene en la acería rusa y en sus filiales, complementando esta entrega con una aportación en metálico de 1.250 millones de euros. El 68% de las acciones de la empresa resultante de la fusión estarán en manos de los actuales accionistas de Arcelor y el resto corresponderá a Alexey Mordashov, que se convierte en el accionista de referencia del holding.
Los directivos de Arcelor ya habían dado una serie de pasos para dificultar la progresión de la opa hostil de Mittal Steel, consistentes en la fijación de un dividendo extraordinario y en el lanzamiento de una Oferta Pública de Recompra de Acciones, para lo que habían destinado, en conjunto, 7.500 millones de euros. Simultáneamente, los 96.000 empleados de Arcelor podían suscribir una compra de acciones en condiciones económicas favorables, al fijarse el coste de la acción en 25,30 euros, lo que podía llegar a suponer una rebaja del 40% en el precio del título. Estas medidas, basadas en la gran solidez financiera de Arcelor, se ven ahora muy reforzadas tras la operación de fusión con Severstal, porque la acción de Arcelor queda valorada en 44 euros, mientras que la oferta de Mittal fija un valor de 37,74 euros por título.
Entre el capital que está en manos de los miembros del Consejo de Administración de Arcelor, los títulos que suscribirá Mordashov y las acciones que quedarán fidelizadas en manos de los empleados de la compañía, se forma un núcleo duro en el gigante europeo que tendrá en sus manos más del 50% de las acciones, lo que pone a Arcelor al abrigo de operaciones hostiles. La pretensión de Mittal Steel de hacerse con al menos el 45% de los títulos emitidos y de los derechos de voto puede devenir en inalcanzable, máxime si se verifica la recompra de acciones por parte de Arcelor, lo que supondría una mengua de los títulos que quedan en el mercado.
La fusión de Arcelor y Severstal sirve para crear el mayor grupo siderúrgico del mundo, con 70 millones de toneladas de producción de acero, que permiten facturar 46.000 millones de euros para dar un beneficio bruto operativo (EBITDA) de 9.000 millones. El nuevo Arcelor arrebata a Mittal el liderazgo mundial en la siderurgia, tanto si se mide por toneladas de acero producido, como por los segmentos más significativos de productos transformados, caso de la chapa para automoción.
La operación anunciada es un paso más en la tendencia de concentración empresarial que se da en la siderurgia. El mercado del acero está muy fragmentado y se mueve por influjo de los vaivenes de la demanda, lo que crea una gran incertidumbre a los productores que no tienen capacidad para influir en las cantidades que suministran al mercado y en los precios. La opa de Mittal sobre Arcelor también tiene esta virtualidad, porque permitiría crear un grupo de gran tamaño que produciría el 10% del acero en el mundo. La ventaja de la fusión entre Arcelor y Severstal, sobre la oferta del grupo angloindio, estriba en que se trata de un acuerdo amistoso, mientras que Mittal pretendía hacerse con Arcelor frente a las resistencias del núcleo duro del gigante europeo, aunque después cambio de táctica y limitó los derechos políticos de la familia Mittal hasta el 45%, como expresión de su voluntad de pacto. La aportación de los activos industriales de Severstal a Arcelor dota de una mayor presencia geográfica a la corporación europea, ya que aumentará su participación en los mercados ruso y norteamericano, lo que permitirá un ahorro en costes para competir en esas áreas. La propiedad sobre activos de hierro y de carbón de Severstal es también una ventaja para Arcelor, dado que las variaciones bruscas en los precios de las materias primas afectan de una manera singular a la siderurgia.
No obstante, la fusión entre Arcelor y Severstal plantea algunos interrogantes. La siderurgia rusa tiene un dueño, Alexey Mordashov, que posee casi todas las acciones, así que las críticas a la naturaleza familiar del grupo Mittal Steel cabe verterlas también sobre Severstal, que tiene una cultura de gobierno distinta de la gestión corporativa de Arcelor. La misma consideración puede hacerse sobre la dimensión tecnológica; Arcelor argumentó que Mittal Steel era líder en producción bruta de toneladas, pero que carecía de tecnología para liderar los segmentos más competitivos del mercado. Esta reflexión es aún más válida en el caso de Severstal. La creación de valor derivada de la fusión tendrá que demostrarse en los próximos ejercicios, dado que la operación está más concebida en términos financieros que industriales, pensando en el rechazo a la opa de Mittal Steel.
En el caso de que los accionistas den luz verde a la fusión y desechen la oferta de Mittal, el nuevo consejo de administración de Arcelor presentará el plan industrial, aunque desde la dirección de Arcelor ya se ha advertido que no se perderá ningún puesto de trabajo, por ser tener estructuras productivas complementarias que operan en mercados alejados. No obstante, el centro de decisiones de la compañía se aleja un poco más de Asturias, algo a lo que estamos abocados en cada proceso de fusión que participe Arcelor, porque al privatizarse Aceralia nos quedamos fuera del accionariado.