Deportes El ardid le salió muy caro. En una decisión con escasos precedentes, la FIA impuso un castigo severo a Schumacher. Después de una maratoniana reunión que se alargó durante seis horas, fue trasladado desde la 'pole' al último lugar de la parrilla al llegar a la conclusión de que había parado «deliberadamente su Ferrari» en una de las curvas del trazado para evitar que Alonso lograse la primera plaza en un gran premio en el que el sábado resulta determinante para el resultado del domingo. «No se encuentra justificación para que haya frenado de esa manera tan fuerte e inusual en ese punto del circuito», aseguraron los comisarios deportivos.
El gesto de Michael volcó en el sentido inverso a la felicidad cuando una andanada saludó su presencia en la sala de prensa del circuito monegasco. «¿No le parece poco ético realizar estas maniobras en el deporte?». Acostumbrado al bla, bla, bla, a disertar rutinario sobre neumáticos, evoluciones y reglajes, el alemán enrojeció como un adolescente con granos. «No creo que sea una pregunta para contestar aquí», se escabulló como pudo el siete veces campeón del mundo, protagonista de una maniobra fraudulenta en la sesión de clasificación del Gran Premio de Mónaco.
Fue como los delanteros que se tiran en el área y luego reciben el aplauso de los 'papanatas' con la excusa de que «el fútbol es para los listos». O como los ciclistas que pasan por la consulta de Eufemiano Fuentes y son justificados en el sentido deportivo porque «no se pueden subir seis puertos a pan y agua». Schumacher jugó sucio ayer en el puerto monegasco.
Sucedió en la última vuelta de la clasificación, con el cronómetro a punto del cierre y Fernando buscando su mejor giro en pos de su primera 'pole' en Montecarlo. Schumacher había marcado el mejor tiempo, pero el ovetense recortaba distancias. Le había quitado tres décimas al paso por el segundo sector (cada vuelta se divide en tres parciales) y enfilaba la primera pintura de la parrilla. El alemán, su director deportivo o quien fuese, pensó rápido y la maniobra quedó sellada para la memoria de la F-1. Para la hemeroteca de los duelos entre Ascari y Fangio, Clark y Stewart, o Prost y Senna.
En la curva de la Rascasse, noventa grados frente a los yates, con la sala de prensa encima del guardarraíl, en un punto donde los pilotos quitan tres marchas al virar hacia la derecha y la velocidad se reduce a 120 kilómetros por hora, Schumacher decidió aparcar su Ferrari. En una maniobra sospechosa, de apariencia perfectamente calculada, movió a derecha e izquierda el volante y simuló un trompo que no llegó a producirse. El Ferrari número 5 ni siquiera rozó la valla. Se quedó a un palmo, como los grandes conductores que cuadran el coche ante el bordillo por la simetría de los espejos.
Fernando venía por detrás y se vio penalizado por una argucia legal, una más de las muchas que brotan como setas en el interminable reglamento de la Fórmula-1. Un coche detenido en pista equivale a bandera amarilla, y ésta impide a los pilotos mejorar el tiempo en ese sector por el peligro que supone para la integridad de los demás. El asturiano tuvo que frenar por ley -no podía correr-, además de esquivar al germano en la curva. K.O. para la 'pole'. Segundo porque así lo quiso su enemigo. Schumacher pensó en todo mientras conducía a más de doscientos por hora. Dejó en fuera de juego a Alonso con una artimaña que supera con mucho la treta del ratero, la maquinación del manipulador. Fue digna de Maquiavelo.
Se trata del primer accidente de la historia en el que no hay ningún daño. El coche salió intacto de la Rascasse, empujado por los asistentes. El piloto no sufrió un rasguño. Tampoco dio una vuelta de giro completa al volante en el típico trompo, sino dos tímidos desplazamientos para evitar que el Ferrari chocase. El monoplaza se caló y la pregunta se vuelve instantánea. ¿Cómo es posible si todos los bólidos tienen un sistema anti-calado? Tampoco metió la marcha atrás, adaptada ya a los monoplazas desde hace tiempo. Además de a Alonso, la sutileza del teutón perjudicó a Fischella, Webber y Raikkonen, que también buscaban su mejor registro.
Una pequeña obra de arte en honor de todos los pícaros del mundo. «Se me bloqueó el coche y acabé fuera de la trazada. Intenté darle la vuelta, pero no pude y finalmente el coche se paró», se justificó Schumacher.