FALTA justo un año para la celebración de los comicios autonómicos. Los partidos mayoritarios (PSOE y PP) ya tienen decidido prácticamente todos sus candidatos, lo que no deja de ser sorprendente porque la selección de nombres se produjo con un total hermetismo, sin que la gente bien informada haya podido saber cómo se desarrollaba el proceso. La decisión de Luis Aragonés para designar el once titular para el Mundial de Alemania es mucho más transparente y debatida que la supuesta voluntad colectiva de los militantes de los partidos para escoger rostros presidenciables. Las bases no saben nada, los órganos de dirección regional tampoco pueden dar muchas explicaciones, y sólo los aparatos centrales de los partidos evalúan los potenciales candidatos en función de encuestas secretas. El asunto todavía resulta más inexplicable por el hecho de que la mayoría de los presidenciable no confiesan, ni bajo tortura, que desean ser nombrados candidatos. En el caso del PSOE la norma imperante resulta surrealista: el que muestre vocación presidencial queda apeado de la competición.
Está extendida la idea de que el poder autonómico está muy consolidado, así que los presidentes, bien sea del PSOE o del PP, repetirán fácilmente mandato. Como casi todas las ideas imperantes se basa en cálculos interesados. José Blanco, el 'número dos' del PSOE, ha declarado, con gran desparpajo, que la candidatura de Ovidio Sánchez permitirá a los socialistas lograr una mayoría aún más amplia en Asturias. Lo que se le escapa a Blanco -o lo sabe y prefiere ocultarlo- es que la próxima cita electoral será de un gran contenido político e ideológico, porque lo que va a estar en la mente del votante no es tanto los kilómetros de autovía licitados sino el proceso de negociación con ETA y la letra y el espíritu de algunos estatutos de autonomía, como el catalán.
Por más que se quiera regionalizar el debate electoral, el voto será un plebiscito en torno al nuevo rumbo tomado por la política española tras el desvelamiento, por fases, de la agenda oculta de Zapatero. Harían muy mal los socialistas en dormirse en los laureles, despreciando a Ovidio Sánchez. Tengo la impresión, que a un año de las elecciones las dos opciones están parejas.