Una simple pérdida de la posición, que aprovechó Vucko para rematar libre de marcaje, decidió un partido que llevaba camino de finalizar con un empate sin goles, que hubiera sido lo más equitativo entre dos equipos que carecieron de ideas ofensivas. Uno, porque apenas lo intentó; el otro, porque se perdió en sus limitaciones.
El tanto del triunfo ejidense significa que la permanencia matemática sigue haciéndose esperar, aunque no intranquiliza en el vestuario rojiblanco.
Ciriaco Cano se decidió inicialmente por contar con el juvenil Marcos Landeira, lo que relegó a Míchel al banquillo. El resto de la alineación fue de lo que podía esperarse, con Raúl Cámara en el lateral y Sastre por delante.
El Poli Ejido salió con un equipo aparentemente más ofensivo, ya que, además de Moreno escorado a la derecha, salieron Toedtli y Keko en el eje del ataque.
El encuentro tuvo un comienzo con el Sporting como controlador del juego, al mandar en el centro del campo y hasta tener cierta facilidad para las aproximaciones al área. Marcos Landeira apuntó buenos detalles, con mucha presión y desgaste. El balón se hacía llegar con facilidad a las bandas o en centros laterales, pero Calandria estaba demasiado solo, casi sin apoyos, y bien marcado.
Un dato significativo es que los rojiblancos en el primer tiempo no generaron ni una oportunidad para ensayar el tiro a portería, pese a los aparentes peligros en algunos centros laterales o en lejanos saques de falta. También crearon algunas complicaciones a la defensa local la sorpresa en los saques de banda de Juanmi, directamente al interior del área almeriense. Sin embargo, no pasaban de ahí las intenciones rojiblancas, porque Calandria siempre tenía dos rivales encima y demasiadas dificultades para revolverse.
Mediado el primer tiempo, el conjunto ejidense se mostró más activo, al ganarle algo de terreno a los rojiblancos, pero sus intentos de llegada se limitaban a tiros lejanos, algunos con susto incluido para la portería de Roberto. En esta fase llegaron las amonestaciones para los rojiblancos, con tintes caseros del árbitro catalán.
Pedro Vega, el jugador más peligroso, se vio minimizado por Raúl Cámara y no salió de su banda. Quien más destacó en esta fase fue Calado, quien tuvo empuje y lanzó el disparo más peligroso que salió ligeramente alto, además de tener cierta movilidad Toedtli, quien reclamó un penalti que no pareció en una acción en la que Juanmi se anticipó en su intento de remate.
Los rojiblancos controlaban bien el ataque local, ya que Enguix se incrustaba entre los centrales y por delante se situaban Gerardo y Marcos Landeira, con prioridad para impedir que los almerienses encontraran algún espacio libre. Lógicamente, esta circunstancia minimizaba cualquier iniciativa ofensiva del equipo de Ciriaco Cano.
De todas formas, el partido era bronco y feo para el espectador, con más ilusión en los locales, pero sin ideas. Los rojiblancos se limitaban a defenderse, a tener el balón lo más lejos posible de Roberto y a esperar algún contraataque. El juego tenía muchas interrupciones y a ello se sumaban las fáciles pérdidas de balón. El espectáculo brillaba por su ausencia.
Tras el descanso, el Poli Ejido salió con más decisión, pero sólo fue un espejismo. Pronto volvió a su línea de pérdidas de balón y juego embarullado, lo que le venía bien al Sporting, que se defendía con orden. Con las imprecisiones de los locales llegaban las mejores jugadas de los rojiblancos. Juan y Dorado lo intentaron en algunas ocasiones, lo mismo que Sastre, que tuvo la mejor ocasión en un disparo demasiado cruzado, tras un servicio de Gerardo. Era lo mejor de un partido soso, en el que los gijoneses recuperaban el control.
El equipo almeriense tuvo una corta reacción con los cambios, ya que la entrada de Navas retiró al inadvertido Keko y situó a Moreno más cerca de Toedtli, lo que no funcionaba, porque los atacantes locales no tenían su tarde con la zaga gijonesa, que ganaba todo por alto.
En el último cuarto de hora, el Poli Ejido apretó el acelerador. Se había dejado notar la presencia de Navas, más activo, quien hizo lucirse a Roberto en la mejor intervención de la tarde.
Con la entrada de Vucko, el técnico extremeño reconvirtió la zaga con tres centrales y la inclusión de Carmena, quien reapareció tres meses después de su lesión pulmonar. El conjunto ejidense intensificó los centros, tanto lejanos como laterales, pero la supremacía de los centrales rojiblancos se ponía de manifiesto.
El infortunio llegó a un minuto para el final. Centro lejano de López Ramos y cabezazo perfecto de Vucko, completamente solo. Desolación en los rojiblancos y luego en el goleador, que fue expulsado por una patada a destiempo a Raúl Cámara. Todo sucedió muy rápido, en un partido que no tuvo el resultado más justo, pero un error bastó para decidir que los tres puntos no volaran de Santo Domingo. La permanencia matemática sigue haciéndose esperar.