El 'Elogio del horizonte' tiene el 'mal de la piel'. La escultura de Eduardo Chillida, inaugurada en el cerro de Santa Catalina en 1990, muestra en su exterior evidentes signos de deterioro causados por el paso del tiempo y, sobre todo, por las condiciones del lugar, especialmente agresivo, en el que fue ubicada. Hierros oxidados, desconchados y algún que otro agujero de considerable tamaño no dejan lugar a la duda. Dieciséis años han sido demasiados para que la gran mole de hormigón, de 500 toneladas y diez metros de altura, haya podido permanecer sin daños. El 'Elogio del horizonte', inaugurado no sin considerable discusión popular hace más de tres lustros, se ha convertido, por derecho propio, en uno de los emblemas de la ciudad, en una de las imágenes de Gijón. Ahora, lo destacan los expertos, necesita cuidados y atención. En caso contrario, los daños pueden llegar a ser irreparables.