YA se sabe que quien no tiene prisa en el mundo actual es que está fuera de órbita, o sea, en el margen o jubilado. Consumir y estar apremiado por las urgencias es un signo social relevante. Atrás quedan los espíritus contemplativos y los paisajes de postal que enviar a la novia. El que no corre, vuela, mientras va desapareciendo el horizonte y si te vi no me acuerdo.
Debe ser por eso que uno de cada tres asturianos ha confesado en pasados días recientes que no respeta los límites de velocidad en las carreteras, aunque no sé si eso será confundir la velocidad con el tocino.
A lo que parece, quienes así se manifestaban, añadían que esa falta de prudencia no era óbice para que su manejo del volante fuera formidable y fiable. Si bien estimaban que había otros conductores que por sus excesos provocaban la siniestralidad del tráfico. Ya nos lo explicó Jean Paul Sarte -aunque hubiera sido más propio que lo hiciera Albert Camus, quien falleció en un accidente de automóvil-, que el infierno siempre son los demás.
Lo normal es que cuando tomas los derroteros de la autovía minera y rozas la frontera permitida de los ciento veinte kilómetros por hora, ta adelanten intrépidos pilotos cuya marcha de crucero -a ojo de buen cubero- rebasa en muchas millas los desafíos de Indianápolis. No sé si será el síndrome de Fernando Alonso, aunque me temo que hay quien se basta por sí solo para buscar la ruina al prójimo, tal como demuestran los rallys langreanos en el felguerino barrio de La Pomar.
Uno no está en sintonía con el prohibicionismo a toda costa, pero es un hecho que el menor índice de desgracias en esta materia se produce en las Islas Británicas, donde el código, que no es el de Da Vinci, se aplica a rajatabla.
Tampoco sería bueno que pagaran justos por pecadores. Sin embargo, las treinta y dos denuncias por conducción imprudente que se han incoado esta semana en Langreo, parecen ir en la dirección -nunca mejor dicho- más apropiada.
A pesar de que la prisa y eso que llaman la sociedad del riesgo tengan carta de naturaleza y prestancia en los días que corremos, alguien deberá comunicar por vía operativa a los que no se detienen ante nada, que es falso que se pueda estar en el limbo sin haber pasado antes por el cementerio.
Aunque ellos estén muy a gusto en Babia.