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Domingo, 4 de junio de 2006
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ASTURIAS
Asturias
Osos sin miedo
El Fapas asegura que el descenso de la presión sobre la especie provoca su aproximación a zonas urbanas
Osos sin miedo
CURIOSIDAD. La osa 'Tola' explora una zona del territorio que habita junto con su hermana 'Paca' entre los concejos de Proaza y Santo Adriano. / E. C.
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Igual que se ven corzos en los lindes de los prados durante las primeras horas de la mañana, o jabalíes en las cunetas por la noche, la presencia de osos pardos podría comenzar a ser visible a corto plazo en Asturias. La optimista previsión es del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas). A juicio de su presidente, Roberto Hartasánchez, ya se está constatando un cambio de hábitos en la especie, en permanente peligro de extinción. La menor presión sobre los animales y la práctica erradicación de la caza furtiva hace que los osos comiencen a vivir sin miedo y a dejarse ver durante el día cerca de zonas pobladas. De mantenerse esta tendencia, encontrarse con un ejemplar encaramado a un cerezo durante un paseo silvestre podría llegar a convertirse en una situación relativamente factible.

¿Puede ser esto consecuencia de las actuaciones humanas que se llevan a cabo para la conservación de la especie? Las organizaciones conservacionistas plantan cerezos e instalan colmenas con el fin de facilitar alimento a los osos pardos en ciertas zonas. ¿Acaso esto puede provocar un cambio de hábitos en la especie? Hartasánchez rechaza esta posibilidad, ya que en ningún momento hay contacto directo, y achaca la pérdida de los miedos de los animales a causas mucho más naturales.

«Se trata de una vuelta a la naturalidad». Hartasánchez recuerda que en un principio los osos tenían hábitos diurnos, aunque la presión humana modificó estas costumbres y en la actualidad su actividad se concentra al atardecer. Y esa es una de las cosas que comienzan a cambiar. «En un futuro próximo la posibilidad de tener encuentros con los osos será más fácil y habitual, igual que con otras especies de la fauna silvestre». Señala Hartasánchez que «en los últimos años, al no haber la presión de la caza y existir también más sensibilización, hay menos presión». Y recuerda, como ejemplo equiparable, que hasta hace pocos años era «casi inviable ver a un corzo en un prado».

Zorros en el Naranco

Hay más ejemplos de este giro a la convivencia entre humanos y fauna salvaje. «Hace una semana una señora paseaba por el Naranco a las tres de la tarde y vio a un zorro en el medio de un prado, excavando. Inmediatamente llamó al Fapas porque creía que había que protegerlo». Pero no. El presidente de la organización conservacionista señala que los entornos urbanos «son zonas de seguridad, donde no se caza y los animales no tienen que escapar de nadie». Y ese zorro, a la vista de decenas de personas, aunque siempre a una distancia prudente, «será el más feliz del mundo».

En Asturias se dan ciertas condiciones que no sólo lo hacen posible, sino que casi obligan a esta convivencia. «Aquí, el hombre y el oso comparten hábitat», porque estamos en un «territorio pequeño, muy humanizado y muy abrupto» que permite a las especies silvestres vivir cerca de núcleos habitados y a la vez preservar su intimidad.

La tendencia hacia esa situación ya empieza a ser visible, sobre todo en el concejo de Oviedo y en el valle del Trubia, donde «el año pasado ya hemos tenido bastantes referencias», asegura Hartasánchez. «Ya estamos localizando ejemplares con comportamientos diurnos a sólo quinientos metros de un pueblo», siempre que esté rodeado de montañas que «le den cobertura forestal». Y, por supuesto, siempre que se mantenga a los osos sin presiones para permitirles adquirir «comportamientos de tranquilidad».

En caso de que todo esto sea cierto y se mantenga esta tendencia, ¿no acabaría suponiendo un peligro para la especie? ¿Está preparada la ciudadanía para convivir con animales silvestres? El presidente de Fapas advierte de que «la gente tendrá que acostumbrarse a ver animales salvajes. Hay que desmitificar al oso como especie que sólo está en los territorios más recónditos de la naturaleza».

En este sentido, Hartasánchez mantiene que toda esta modificación de hábitos que se está viviendo tiene mucho que ver con el importante cambio cultural de las sociedades modernas. «Antes, en una sociedad rural, había que defenderse de la naturaleza». Pero la actual configuración urbana y una ciudadanía «educada en la sensibilidad con el medio ambiente» pueden hacer posible esta convivencia, aseguran en el Fapas.

Distancia prudente

De confirmarse esta ideal situación, no habría lugar para las polémicas planteadas en los últimos tiempos sobre la visitas guiadas para ver osos en la naturaleza. Fue la Fundación Oso Pardo la que propuso esta posibilidad, que el Principado y científicos rechazaron. Ahora, Hartasánchez llega a decir que «serán ellos, los osos, los que vengan a vernos a nosotros».

La afirmación, aunque exagerada, resume la filosofía que el Fapas defiende. «No queremos decir que te vas a encontrar con un oso al lado, sino que ocurrirá como con otras especies. A los corzos los ves a doscientos o trescientos metros, y si te tratas de acercar ellos escapan. Lo mismo ocurrirá con los osos».

En el Fapas creen que habrá más posibilidades de vivir estas experiencias naturales en aquellas zonas donde no haya batidas ni se permita la caza. Al fin y al cabo, los osos no distinguen entre furtivos y cazadores regulares. Por eso, un mismo animal podrá adoptar más precauciones en la montaña y llegar a relajarse «en entornos de seguridad», cerca de lugares habitados. Dice Hartasánchez que esto ya ocurre con otras especies. Y añade que, si llegase a pasar lo mismo con los plantígrados, sería, al fin y al cabo, «lo que se pretende con los trabajos de conservación del oso».



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