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Domingo, 4 de junio de 2006
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Rocío Jurado, 'por derecho'
DESDE hace unos días, las manifestaciones de duelo, respeto y reconocimiento a la cantante Rocío Jurado ocupan un lugar central en la vida española. Homenaje espontáneo y sentido del pueblo a una figura señera de la canción que, en cierto sentido, traspasó los límites de la copla para adentrarse en lo que se ha denominado el paisaje y la conciencia sentimental de España.

En un país en el que las televisiones rosas con casquerías compiten en arrancar los ojos a todo personaje que cae en sus manos, Rocío Jurado había llegado a una situación única, extraña, por la que nadie hablaba mal de ella. Fue una mujer muy querida y, según numerosos testimonios, buena en el buen sentido de la palabra. La extensa trayectoria de la cantante chipionera se despliega ante nuestros ojos desde su juventud, hasta el final, sobrellevado con ejemplar valor y serena dignidad.

No fueron fáciles los comienzos de la cantante. Manuel Román, en su libro 'Memoria de la Copla', (Alianza Editorial) nos cuenta algunas anécdotas de esos principios, como cuando, a su llegada a Madrid, con dieciséis años, por mediación de una veraneante de Chipiona conoció a Concha Piquer. La muchacha, para halagar su admirada artista le cantó uno de sus éxitos. Y parece que la cupletista valenciana, mirándola seriamente le dio: «Niña: tu lo que tienes es mucha cara».

Para Rocío Jurado debió ser un momento amargo; como cuando no consigue que el maestro Quiroga le dé clases personalmente, pasando esta labor al pianista sustituto Alejandro del Valle. Tras unos meses como palmera en un tablao flamenco, inicia a mediados de la década de los sesenta una prometedora carrera de cantante, con incursiones tempranas en el mundo del cine.

Se ha dicho que Rocío Jurado tiene la 'voz larga'. ¿Qué quiere decir eso? Entendemos el sentido de 'larga' en tres aspectos. El primero, hace referencia a una voz que además de potencia, de fuerza, posee, por medio de la capacidad respiratoria, la cualidad de alargar la emisión y ensanchar el fraseo.

La segunda acepción de voz larga la asociamos tanto a la tesitura vocal (ámbito de una voz desde la nota más grave a la más aguda) como al tipo vocal. Por timbre y color, la voz de Rocío Jurado correspondería a la de una cálida mezzo soprano, con una capacidad de alargamiento tanto hacia los registros agudos de una soprano, como a los graves de una contralto. Sin embargo, los tipos vocales del flamenco, y la voz de Rocío Jurado es una voz primordialmente de carácter aflamencado, son diferentes. La emisión de voz con una tendencia gutural (algo prohibido, por ejemplo en la ópera), forma los siguientes tipos: Voz 'afillá' o voz ronca, rozada, por ejemplo la de Caracol; voz redonda, es una voz pastosa, dulce, el prototipo Mairena; voz natural, de pecho o gitana, que posee una peculiar desgarradura, 'rajo'; voz fácil o cantaora, clara y flexible, propia de los cantes festeros y voz de falsete, muy empleada en floreos y arabescos. La voz de Rocío Jurado se alarga y ensancha con naturalidad, sobre varios de estos tipos. Su voz puede adquirir en una prodigiosa variedad, tintes festeros, redondos o el absoluto desgarro de Camarón.

Finalmente, el tercer sentido de 'voz larga' se refiere al aspecto estilístico. Su voz se adentró con individualidad personal, por diferentes estilos musicales, desde la copla española a la ranchera mejicana. La mejor Rocío no es, en mi opinión, la de las baladas de Manuel Alejandro, sino la de la copla española de León Quintero y Quiroga, y el flamenco. Su versión del Amor Brujo, de Falla, es una referencia absoluta, frente a la que las versiones más clásicas empalidecen. Y entre su discografía mejor, hoy casi secreta y agotada, están dos viejos discos de estilos flamencos publicados en 1979 titulados 'Por derecho'. Colección de tangos, alegrías, pregones canasteros, fandangos y otros palos del flamenco. En 'Por derecho', su cante no es como una ola, sino como un maremoto.



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