Los vecinos de tres edificios de La Tenderina están preocupados ante la aparición de grietas en las paredes de sus casas y de aguas en sus sótanos. Las 40 familias que conforman las comunidades de vecinos de los números 52, 54, 56 y 58 de La Tenderina mantuvieron una reunión ayer por la mañana. En ella, un ingeniero industrial trasladó a los habitantes de esos cuatro bloques construidos en los años 50 un problema que comenzó afectando sólo al número 58: la aparición de unas «preocupantes grietas» que cada vez van a más.
Tras el encuentro, los vecinos de los números 54, 56 y 58 decidieron unir sus fuerzas para formar una comunidad de afectados y buscar soluciones, pero los del 52 prefirieron quedar al margen del problema, según explicó Ángeles González, portavoz del número 58. La vecina relacionó la aparición del problema con la construcción de un edificio anejo a su casa. La obra comenzó el año pasado.
«Cuando empezaron, aparecieron las primeras grietas. Yo hablé con el encargado de obra y me dio su palabra de que las repararían, pero al ir a más la cosa, decidieron no arreglarlas», relató González. El momento de inflexión fue diciembre, cuando el techo de su casa se vino abajo: «Tuvimos que reparar el techo, luego cambiamos una tubería que nos rompieron y el agua del sótano nos dijeron que eran aguas fecales. Pero lo miramos y no, ahora tenemos dos dedos de agua», enumera González. Cada vecino ha pagado 600 euros de su bolsillo para reparar esos desperfectos.
Ahora están preocupados, porque un arquitecto municipal, que visitó el inmueble esta semana, «lo pintó todo muy negro», según Jesús Antonio Martínez, otro de los vecinos del número 58. El Ayuntamiento ha dado un plazo de dos meses a la comunidad para presentar soluciones a su problema. «Si no, nos han dicho que declararán la ruina y nos desahuciarán», lamentó Ángeles González.
El primer paso consiste en presentar un informe geológico que esperan encargar la próxima semana. Pero los expertos ya han hablado. Jesús Martínez cuenta que les dijeron que «habría que pilotar este edificio o hacer una zapata de hormigón, una obra de unos 80 millones de pesetas (480.000 euros), y a lo mejor no merece la pena para un edificio ya viejo».
Otra de sus opciones, comenta Ángeles González, consistiría en decidir vender todo el bloque a un constructor. Pero para eso deberían ponerse de acuerdo los habitantes de los cuatro edificios. «Tenemos un problema serio, porque el perito nos ha dicho que si éste se cae, los otros van detrás, como un efecto dominó», señala González.
Pilar Alonso visitó ayer el lugar y aseguró que el lunes consultará a los vecinos de la avenida de Torrelavega si tienen el mismo problema. Recordó el cercano caso de Ventanielles, donde la obra de un parking provocó el derrumbe de una serie de edificios, y señaló que el PSOE quiere «comprobar si se aplicó la ordenanza de seguridad» en la construcción aneja al 58. Insistió en que «esto no ocurriría si el Ayuntamiento creara una inspección técnica de edificios».