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Domingo, 4 de junio de 2006
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OVIEDO
Oviedo
«Llevo aquí 43 años y ahora me puedo quedar en la calle»
«Llevo aquí 43 años y ahora me puedo quedar en la calle»
EN EL TERCERO. Ángeles González mira la grieta que parte en dos su edificio. / M. ROJAS
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RESUMEN
Problema: el número 58 de La Tenderina tiene grietas e inundaciones en el sótano. Detectaron el problema cuando se empezó a edificar el edificio anejo, hace un año. Los técnicos dicen que corre peligro de derrumbarse.

Extensión: además del número 58, los números 56 y 54 se consideran afectados. En total, 30 viviendas.

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'Ministerio de Trabajo. Esta casa goza de los beneficios del decreto Ley de 27 noviembre de 1953 y es de renta limitada'. Una placa metálica con esas palabras preside el portal del número 58 de La Tenderina. «Llevo aquí 43 años y ahora me puedo quedar en la calle, quién me lo iba a decir», comenta resignada Ángeles González, la vecina del tercero derecha. Su piso es uno de los más afectados del bloque. En él, los recuerdos de toda una vida sobreviven junto a las grietas. Un póster de Paul Newman cubre la brecha que parte de la ventana y divide en dos la que fuera la habitación de su hija.

Ángeles tiene artritis reumatoide y pensaba vender su piso «para marchar a un apartamento con ascensor». Ahora ve esa opción inviable y teme que los arreglos realizados en su casa durante todos estos años no hayan servido para nada. «Era un piso de renta baja, que pagábamos a una asociación de Ramón Cortina Prieto. Pero luego, hace 16 años, cuando ya era yo viuda, lo compré y empecé a arreglarlo como a mí me gustaba, cambié la cocina, el baño y las ventanas», explica. Los vecinos del número 58, sostiene Ángeles, «son casi todos pensionistas, menos una pareja joven que vive aquí debajo». A un matrimonio que vivía en la entreplanta «lo llevaron a una residencia de ancianos hace unos meses», apunta la vecina. Jesús Antonio Martínez y su mujer son esa pareja joven a la que se refiere Ángeles.

Viven en el edificio desde hace siete años, y ahora se encuentran ante un problema que Chus (así le llaman sus vecinos) califica de «difícil». En el cuarto de su hija también aparecen fisuras, pero menos que en el tercero. Ana Álvarez, su vecina de planta, cuenta que «nunca sabes con qué te vas a encontrar cuando llegas a casa, siempre aparece algo».

«Esta grieta es nueva de esta semana», apunta Ana. Con el dedo señala una abertura que parte del marco de la puerta de su dormitorio, rellena con yeso y con una fecha a lápiz apuntada al lado. «Son los testigos que marca el perito para ver la evolución de las grietas», explica. «Cada vez tardan menos en abrirse, la última tardó sólo tres días», añade.

Los vecinos del número 58 son ya unos expertos en tecnicismos, después de un año con problemas en su comunidad. Pero el vocabulario especializado no mengua las grietas que atraviesan el hueco de su escalera y parten el edificio en dos. «Si te fijas, es tan grande el agujero que entra la luz», dice Ángeles.



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