Los palillos sonaban y los dedos se movían a gran velocidad. Hacían encaje de bolillo. Una carpa instalada en la losa de Renfe reunió ayer a 800 personas con motivo del III Encuentro de Encajeras Ciudad de Oviedo.
Hilos, alfileres y mujeres era lo que más abundaba. Aunque siempre hay alguna excepción. Y ayer fue José Manuel Bardio, de Turón. Lleva dos meses haciendo bolillo y reconoce que le cuesta más trabajo que a sus compañeras de curso: «Tardo más para entender el dibujo, pero poco a poco iré aprendiendo», añadió. Aunque un poco impresionado ante tanta fémina sugirió a la organización la posibilidad de cambiar el nombre por el de «encajeros y encajeras».
Los asistentes no eran sólo asturianos. Habían venido de León, Galicia, Cantabria, Santander y Zamora a hacer encajes de bolillos y de lagartera. De Castilla y León era María Luisa Santos, que trajo una de las grandes obras de arte que se podían ver en la carpa: una mantilla de tul bordada con algodón de seda. Servirá de velo para una novia y su autora aseguró que no se vende. «Esto no se encuentra en ninguna tienda porque el valor es incalculable. Esto no tiene precio», añadió. Le han ofrecido 6.000 euros y no ha vendido un trabajo que una sola persona, dedicándose seis horas diarias, tardaría dos años en terminar. Monitoras con alumnas, unas más veteranas que otras pero todas unidas por la moda del encaje de bolillos.
Y el 'renovarse o morir' también se impone en las manualidades. En uno de los puestos que vendían dibujos para los encajes, mostraban un tanga de bolillos. Puede que un poco incómodo para llevar, pero sin duda toda una obra de artesanía.
Dicen quienes lo practican que relaja. «Es un placer ver que con tus palitos te va saliendo una obra de arte», aseguró satisfecha la organizadora del encuentro Rosa Estrella. Para animar a las asistentes, sortearon un lote compuesto por manteles y toallas. También, cómo no, con bolillos.