Tan fácil como soplar. Así comprobaron ayer los gijoneses su nivel de monóxido de carbono (CO) en los pulmones. Su presencia se debe fundamentalmente al consumo de tabaco, que, entre otros efectos, genera problemas circulatorios y obliga al corazón a bombear más rápido. Cientos de asturianos, algunos con más miedo que otros, acudieron al improvisado puesto que la campaña de la UE, 'Help, por una vida sin tabaco', instaló en la plaza del Instituto para realizar las toximetrías. Uno a uno, los voluntarios fueron espirando en unas máquinas similares a las de los controles de alcoholemia. Al instante, obtenían el CO en partes por millón (PPM), unidad utilizada para expresar la concentración del nocivo gas en los pulmones.
Entre ellos, Susana Feito, de 36 años, que acudió con la esperanza de quien ha dejado de fumar hace 5 meses. «Me encuentro más vital y he agudizado mucho el olfato», asegura. Para ella lo mejor de haber arrinconado el hábito es que ya no depende de él, aunque dice que se esta volviendo «como la Mila de repugnante: ¿ya no aguanto el humo!», exclama entre risas. Su sorpresa fue observar que el nivel de CO superaba los límites de quien no fuma, una sorpresa que debe a su pareja, que sí es adicta al tabaco.
La de Susana fue una de las más de 50.000 toximetrías que se esperan hacer en toda la UE para realizar un estudio comparativo. Antes de ese objetivo, existe otro más importante, el de la sensibilización. De hecho, según comenta Cristina Rodríguez, encargada de la campaña en Gijón, algunas personas «preguntan dónde pueden ir para dejarlo». No será uno de ellos Isidoro García quien, con 56 años, se ve incapaz: «No se cómo podría hacerlo. Quizá si me metieran en la cárcel y no me diesen tabaco », dice alguien que fuma cajetilla y media diaria y tiene los niveles por las nubes. SABINO BLANCO
SUSANA FEITO
ISIDORO GARCÍA