Un sol radiante y tres astros de la cocina. El Real Balneario de Salinas aunó ayer buen yantar por los cuatro costados: tres cocineros recibieron el homenaje a su buen hacer y los fogones del lugar arreglaron con tino carne, pescado y frutas para contentar a más de un centenar de invitados con buen paladar que querían rendir tributo a los primeros. Tan buenos y variados ingredientes se unieron para entregar las sextas Calderetas de Don Calixto, otorgadas por EL COMERCIO y LA VOZ DE AVILÉS, y que congregaron a lo más granado de la gastronomía asturiana.
Pasada la una y media de la tarde, la playa de Salinas lucía espléndida y su balneario se adornaba de manteles blancos y buen vino. Los invitados empezaban a llegar a la fiesta de la gastronomía en lo que era el aperitivo a una comida de altura con reconocimiento y distinciones incluidas. Así fueron los prolegómenos a la entrega de las Calderetas del suplemento gastronómico 'Yantar' a los restauradores Manolo de la Osa, Víctor Bango y Álex Sampedro. Los tres invitados de honor llegaron puntuales a la cita después de degustar anchoas San Filippo, montaditos de pulpo, hojaldres de cabrales y tostas de foie entre otras delicias.
Los tres tomaron asiento para escuchar cómo José Manuel Vilabella hablaba maravillas de sus artes culinarias. El Premio Nacional de Gastronomía y colaborador de EL COMERCIO, al que precedió en presentaciones Carlos Iglesias, director del Aula de Cultura, no escatimó elogios hacia los artistas del buen comer. Fue, uno a uno, detallando sus méritos. Álex Sampedro, del restaurante ovetense Los Tres Caracoles, escuchó cómo Vilabella elogiaba su vocación de heterodoxia, su rebeldía con cazuelas y sartenes, su apuesta de futuro en la gastronomía asturiana. Él es una esperanza, un descubrimiento que el tiempo acabará por convertir «en una realidad plena».
Más que una realidad, una auténtica institución es Víctor Bango. Personaje imprescindible de la restauración asturiana, el responsable de Casa Víctor ha sido capaz de aunar en Gijón modernidad y tradición «con prudencia y buenas maneras».
Este cocinero autodidacta lo sabe todo de los que pueblan la mar y de la mejor manera de llevarlos al plato, y por esa razón ha recibido la nueva distinción creada este año -junto con la anterior- para reconocer una trayectoria. Un joven y un veterano, y en medio, todo un renovador de la cocina que sin grandes alharacas ha sabido llevar a la gastronomía manchega a lo más alto. Manolo de la Osa, Caldereta de honor de este año, es, para empezar, «un señor que no tiene enemigos», en boca de Vilabella, que le tildó de cocinero universal y cosmopolita sin salir de su terruño conquense. Su restaurante, Las Rejas, en Las Pedroñeras, se ha convertido en lugar de peregrinación para quienes quieren disfrutar de ese nuevo gusto que le ha dado al gazpacho o su magistral forma de entender y dominar el ajo, producto español por excelencia. Son algunos de los méritos de alguien capaz de hacer una cocina «sugerente y revolucionaria».
Los tres recogieron sus premios entre aplausos y los tres compartieron mesa y mantel con los invitados para degustar un menú también sugerente: bogavante con jugo de naranja, merluza y lomo bajo de ternera. Y de postre, tacos de piña, fresas y helado de naranja sanguina. Delicias con que premiar a quienes buscan hacer deliciosas las comidas y cenas de sus clientes.