Vivaracha y curiosa. La infanta Leonor afrontó ayer con 'responsabilidad' institucional -sin lloros ni berreos- su cita con la Virgen de Atocha. La futura heredera cumplía así con una tradición señera en la monarquía española. La Virgen de Atocha ostenta el título de protectora de la Familia Real desde los tiempos de Felipe IV, en el siglo XVII, aunque la costumbre de ofrendar a los bebés reales la acuñó Isabel II tras sobrevivir junto a su hijita al atentado del cura Merino en 1852, a la misma puerta de la basílica.