La colección Danae busca sede en la ciudad de Oviedo, al amparo de la Universidad, allí «donde está el saber», dice su custodio y baluarte, el creador asturiano Acindino Quesada. Allí donde precisamente ayer, cuatro años después de su presentación gijonesa en la Universidad Laboral, se abría al público una exposición, 'Artransmedia 2006', con las mejores piezas de la colección, que es, en palabras de su mentor, lo mejor y más significativo de los movimientos que pusieron nombre al arte del siglo XX.
«Estamos preparando los estatutos de una fundación tripartita, en la que estén la Universidad, el Principado y yo mismo», aseguró Quesada, que ya tiene el «sí» de la institución académica, y está plenamente convencido de que también logrará el de la Consejería de Cultura. De momento, ha conseguido que ambas financien con 60.000 euros (al 50%) la muestra que se puede contemplar en el patio central del edificio histórico de la Universidad, en su sala de exposiciones, en la primera planta y en el jardín del Rectorado.
A su alrededor se reunían el rector Juan Vázquez, defensor del «valor de Danae»; el director de Promoción Cultural, Carlos Madera, convencido de que la colección «permite un acercamiento al cambio artístico que genera el arte actual», y el propio Acindino Quesada, quien concluyó su discurso inaugural asegurando que, como manifiesta en su obra Ruth Rodríguez, una de las diez artistas que representan a Asturias en la muestra, «no colgaré mis sueños». Y los sueños del creador de la Danae, asociación que nacía al amparo de la Universidad de París muchas décadas atrás, es «que toda la colección se quede en Asturias y que sigua creciendo, abriendo el conocimiento de la gente y provocando nuevas acciones e investigaciones».
Esta convencido Quesada, que también participa en la exposición con un piano pintado de oro, muy cerca de una pieza que recuerda al artista Christo y enfrentado a la obra de agua y sal de Brigitta Weimer, «que no existe la creación sin investigación, ni la economía sin creación, ni la creación sin conocimiento». Por eso, coleccionista e instituciones han puesto bajo la mirada pública una selección de obras, 54 en total, que pretenden ofrecer un resumen de un siglo, «más que nada para entenderlo», dice Quesada. «Para que se sepan qué hicieron los artistas del fluxus, los dadaístas, los del arte conceptual, el pop o el nuevo realismo».
Representantes de todas estas tendencias están en esta muestra colectiva, que suma 12 movimientos del pasado siglo, con varios nombres propios de obra universal, como Man Ray, que muestra una colección de retratos de jóvenes genios. Picasso, Buñuel, Dalí, una bellísima Ava Gardner y todo un elenco de grandes como el poeta Max Jacob. En la misma sala los padres del movimiento dadá, Duchamp y Hauusmann.
Fuera, en el patio, hay poemas en burbuja, de Philip Corner; una instalación fotográfica de Joseph Beuys, una obra de Robert Watts (uno de los padres del fluxus). En las salas contiguas se puede observar una pieza en acción del japonés que creó el arte zaj, Matsut-Ani; una instalación de Yoko-Ono, y otra, por ejemplo, de Wolf Vostell, que ha poblado el suelo de cucharas y tenedores en recuerdo de los campos de concentración. Toda la Universidad está llena de siglo XX, «vestida de arte», dice Juan Vázquez.