Canta que sus caderas no mienten ('Hips don't lie') y, efectivamente, no falta a la verdad. Su particular forma de bailar tiene un porqué: años de preparación como bailarina de la danza del vientre. Dicen que ya con cuatro añitos movía las caderas compulsivamente en el teatro de las Misioneras de María de Barranquilla, el colegio de monjas donde estudiaba la hija de un joyero libanés. Quizá su origen árabe tenga que ver con su gusto por un baile que, desde hace una década, también hace furor en España.