El termómetro suelen ser los espectadores neutrales, los que observan sin pasión, análisis quirúrgico, de profesional sin sentimientos. Cualquier sala de prensa de cualquier deporte puede servir para auscultar sensaciones. Rondaba la vuelta 54 del Gran Premio de Silverstone, Alonso enchufado a su quinta victoria de ocho posibles en un año extraordinario, Schumacher detrás con la lengua fuera, sin posibilidad de recortar, y más al fondo Raikkonen, proclamando su rendición para pelear por el título. Así que entre el bullicio de la estancia, bólidos rompiendo el umbral del dolor, decibelios en estampida, un periodista italiano soltó la pregunta. «¿A qué hora es el partido entre Serbia y Holanda?». «No sé, pero va a empezar la final de Roland Garros», respondió su interlocutor.