Con apenas un hálito de vida, eligió el playón de Bayas para morir. O tal vez su mal estado, unido a la desorientación, las corrientes y el oleaje, la llevaron al arenal castrillonense. El hecho es que a primera hora de la tarde de ayer, en torno a las dos y media, los bañistas que disfrutaban de la jornada dominical se vieron sorprendidos por la aparición de una marsopa adulta moribunda en la playa. Aunque intentaron ayudarla, no pudieron más que ser testigos de su agonía.
Los bañistas actuaron con rapidez y avisaron al 112, que trasladó la situación a la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas (Cepesma). Tras realizar diversas pruebas en el arenal, su director, Luis Laria, certificó que el animal, una hembra, expulsaba abundante sangre y pus por su boca y el orificio nasal situado en la parte superior de su cabeza. Además, presentaba numerosas infecciones a nivel dérmico y pulmonar, agravadas por la presencia de diversos parásitos. «Su aspecto era realmente malo. Se encontraba muy enferma y no pudimos hacer por ella más que sedarla», explicó el responsable del Cepesma.
La situación de la marsopa impresionó a los numerosos usuarios que se encontraban en esa zona de la playa, que se volcaron desde el primer momento en cuidar al moribundo animal. Cubrían a la marsopa con agua para evitar que a sus sufrimientos se sumara el calor de los rayos del sol, la acariciaban con cuidado de no incidir en sus heridas e incluso ayudaron a transportarla al vehículo que, ya muerta, la llevaría a la sede del Cepesma en Luarca. Ahora, será la necropsia la que certifique las causas finales de la muerte y si, como parecía ayer, la marsopa se encontraba preñada. Laria explicó que en las costas asturianas no es muy usual el varamiento de este tipo de cetáceos, «los más escasos del Cantábrico», apuntó. Según afirmó, apenas se producen dos o tres casos cada año.